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Palabras de amor

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Aunque el 14 de febrero es San Valentín, cualquier día es bueno para celebrar el amor. Tengáis o no pareja, desde el Archivo Histórico Nacional os proponemos un viaje al pasado a través de una serie de documentos que muestran que el amor siempre ha acompañado a los seres humanos, aun en los tiempos más inciertos…

Salto de línea El Archivo Histórico Nacional está formado en su mayoría por fondos de carácter institucional, en los que los sentimientos no tienen mucha cabida, pero hemos activado nuestras dotes detectivescas y seguro que lo que hemos encontrado os va a gustar.

Salto de línea El primer documento que os traemos es esta preciosa página del Codex Justinianeus Nueva ventana (o Códice de Justiniano). El texto muy romántico no es, pues es una recopilación de todo el derecho romano que ordenó hacer el Emperador Bizantino Justiniano en el siglo VI. El ejemplar que conservamos en el Archivo Histórico Nacional es una copia del siglo XIV y procede de la Catedral de Ávila. En concreto, la página que os mostramos pertenece a la legislación sobre el matrimonio y en la ilustración podéis ver a un sacerdote uniendo en matrimonio a una pareja. Además, este Códice es súper interesante pues contiene multitud de anotaciones marginales y llamadas de atención en forma de pequeñas manitas. Aunque el texto está en latín, no dejéis de ver el Códice completo, que podéis disfrutar digitalizado en color en PARES. Si queréis buscar esta página es el folio 144v, que corresponde a la imagen 289.

Siguiendo con el tema del matrimonio, el Concilio de Trento (1545 – 1563) también legisló sobre este tema. En su Decreto sobre la Reforma del Matrimonio queda establecido la primacía del consentimiento libre de los contrayentes frente a cualquier otro interés externo a ellos. Es decir, desde el siglo XVI, para que el matrimonio fuese válido, la pareja debía desear casarse. Y así fue en España hasta que Carlos III decidió cambiar esto con una Real Pragmática promulgada el 23 de marzo de 1776. A partir de entonces, los contrayentes debían de contar con el permiso paterno si eran menores de 25 años y con el consejo de sus padres si eran mayores de esta edad. La pena no era poca, pues los padres podían desheredar a sus hijos si estos se casaban sin su aprobación. Si los hijos querían casarse aun así, siempre podían recurrir al Consejo de Castilla.Salto de línea Y esto es lo que hizo Manuel Frutos Carnicero, un vecino de Fuensalida, que en 1794 solicitó al Consejo de Castilla que le permitiese casarse con Ana de la Fuente, asumiendo las penas impuestas por la Real Pragmática, ya que su tío no le dejaba contraer matrimonio (él era huérfano). El expediente tiene la siguiente signatura: CONSEJOS,1632,Exp.4 Nueva ventana. En estas imágenes, correspondientes a los folios 3 y 4 del expediente, Manuel Carnicero nos refiere su historia y todo el proceso judicial que ha seguido para poder casarse con Ana de Frutos, con la que ya tiene un hijo. No está en nuestro ánimo haceros spoiler del expediente, así que si queréis saber si al final se pudieron casar, tendréis que leerlo. Lo que sí os podemos decir es que Manuel y Ana tuvieron que esperar 3 años desde que recurrieron al Consejo hasta que les dieron su respuesta.

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Nuestro viaje en el tiempo nos lleva ahora a la Guerra de la Independencia. Aunque la mayor parte de documentación que conservamos tiene carácter militar o gubernativo, de vez en cuando aparecen documentos como estas cartas Nueva ventana que os traemos: 4 cartas de carácter personal, 2 de ellas escritas por militares y las otras 2 dirigidas a ellos. Estas cartas son una muestra de que el amor puede surgir hasta en tiempos de guerra como estos y que no importan los bandos cuando se ama.

Como en el caso de esta carta en la que una mujer española escribe a Verdier, un soldado francés dando cuenta de lo verdadero que son sus sentimientos por él. Al despedirse le dice “adiós mi querido, procura venir pronto pues ya empieza mi corazón a sufrir con las noticias que tanto me mortifican…”

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En esta otra carta, un militar francés escribe a su amiga la Baronesa de Alcahäly, residente en Madrid, para referirle el amor que siente por su amada Gracieuse, de la que dice que embellece su vista cansada y que la esperanza de abrazarla le devuelve los días que le quita su viaje. El autor de la carta pide a su amiga que le diga a Gracieuse para que lo tenga bien claro que él la adorará toda su vida. Si sabéis francés no os perdáis la lectura de esta carta, porque es muy bonita.

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Y si a nuestro militar francés se le hacía cuesta arriba estar sin su Gracieuse, a Tomás, soldado español preso en Nancy (Francia) le era aún más difícil estar sin su esposa Mariquita y su hija. Aunque esta carta es menos poética, pues Tomás también aprovecha para relatar lo que está ocurriendo, su amor por su esposa se ve nada más empezar, pues su carta se inicia así: “Amada Mariquita mía de todo mi corazón”. Además, en ella podemos leer su deseo de reunirse y no separarse nunca más. Tomás finaliza su carta con “y tú cree que cada día te ama más, tu amante y fiel esposo. Tomás”.

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La última de estas cuatro cartas también es una muestra del amor surgido entre una mujer española y un militar francés, en este caso el general Leger-Belair. En ella, esta mujer de la que solo sabemos su inicial, la J, hace partícipe a su amado de su enorme preocupación por su bienestar, pues ha oído que los franceses han sido derrotados en una batalla y que incluso han muerto dos generales. J le dice al general: “te aseguro dueño mío, que es mucho tormento el mío, pues apenas puedo vivir con los malos ratos que padezco, y siempre en la cruel incertidumbre de no saber el día que volveré a verte”.

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Por cierto, por si os interesa la Guerra de la Independencia y os lo perdisteis en su momento, os recomendamos que os paséis por el Portal de la Guerra de la Independencia Nueva ventana . Aquí os contamos de qué va.

Dejamos al pueblo llano para ver la correspondencia real, en concreto las cartas que se escribían la Reina María Cristina (la madre de Isabel II) y Agustín Fernando Muñoz, primer Duque de Riánsares, con el que contrajo matrimonio en secreto en 1833. El Archivo Histórico Nacional conserva el archivo privado de la que fue reina regente de España Nueva ventana , que podéis consultar a través del enlace.

Este fondo está compuesto por documentación que trata múltiples asuntos, tanto personales como oficiales. Entre esta documentación encontramos cartas a diversas personalidades, entre las que se encuentra Agustín Fernando Muñoz. Las cartas que le dirigía la Reina son sin duda de las más personales que se pueden encontrar en este archivo privado, y dan cuenta del enorme amor que sentía la reina por el Duque. De hecho, se dirige a él como “Amor de mi vida y de mi alma”.

Aquí podéis ver algunas de estas cartas Nueva ventana

Os hemos destacado dos, pero cualquiera podría valer. Además de sus hermosas palabras a su amado, fijaos en la preciosidad del papel en el que están escritas, con florituras y delicados pajaritos que ilustran las páginas.

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También del ámbito real es la siguiente carta Nueva ventana de la que os vamos a hablar. En este caso la escribe Francisco de Asís de Borbón a su hermana Isabel Fernanda, ambos sobrinos de Isabel II. Aunque no es una carta de amor propiamente dicha, Francisco refleja el profundo amor que existe entre Isabel y su marido: “Sé que corresponde a tu amor y que cada día os amáis más, que no parece sino que os acabáis de casar”, y le dice que cuando él se case le pedirá el secreto para mantener este sentimiento vivo. Además, aunque Francisco desearía encontrar el amor, reconoce que de momento él solo tiene deseos de mantenerse libre y “con facultad de poder repartir mi corazón en mil pedacitos”.

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El siguiente enlace nos lleva a esta carta Nueva ventana que está conservada dentro del archivo privado de Isabel Fernanda de Borbón y Dos Sicilias. Como en el caso del archivo de María Cristina, el fondo está formado por documentación de la más diversa índole.

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Terminamos nuestro viaje a las palabras de amor del pasado con una carta escrita casi para San Valentín, pues está fechada en 16 de febrero de 1912. Es una carta Nueva ventana escrita por Fernando Braudel, que, aunque comparte nombre por el famoso historiador francés, no puede tratarse de la misma persona, pues tendría 10 años cuando se escribió esta carta en la que el autor declara sus sentimientos de amor a una mujer cuyo nombre no conocemos. La verdad es que esta carta, aparte de bonita, también es un misterio, pues forma parte del archivo privado de Jacinto Benavente, pero desconocemos por qué la conservaba él. No sabemos quién era este Fernando Braudel, pero a juzgar por sus palabras, estaba muy enamorado.

Con las palabras de Fernando Braudel finaliza nuestro viaje al pasado. Esperamos que lo hayáis disfrutado tanto como nosotros y que os hayan ayudado a tener un bonito día de San Valentín…

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