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Lectureando con… El Maratón de los Cuentos de Guadalajara: una ciudad, 46 horas y miles de historias

Érase una vez una ciudad de cuento llamada Guadalajara que durante 46 horas ininterrumpidas se llenaba de cuentos. Los habitantes y las personas que en esos días se acercaban por allí, disfrutaban de horas y horas contando y escuchando historias maravillosas en un palacio encantado por la magia de la palabra. Esas palabras también habitaban en otros espacios históricos de la ciudad y lugares como teatros, hospitales, centros de mayores, asociaciones... Incluso se trasladaban a otros pueblos de la provincia para llegar a los corazones de más “escuchadores”.

Cartel Maratón de los Cuentos de Guadalajara 2018

Lo que parece una fábula sacada de un libro de cuentos se transforma en realidad un fin de semana, de mediados junio desde hace 27 años, gracias al Maratón de los Cuentos de Guadalajara. Se trata de un proyecto impulsado por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil y la Biblioteca Pública del Estado de la ciudad castellano-manchega que brotó en 1992, aunque ya llevaban un tiempo sembrando la semilla de los cuentos. Surgió con la idea de contagiar el amor por la lectura y la narración oral entre los vecinos. El resultado es una localidad que durante 46 horas vive volcada de la mañana a la madrugada por y para el cuento y que funciona como un engranaje perfecto gracias a la dedicación de un equipo que trabaja todo el año para sacarlo adelante, a la colaboración de cientos de voluntarios, a la gente dispuesta a escuchar y a una ciudad entera que se transforma.

En total, unos 1.000 cuentos son contados, nunca leídos, y escuchados por miles de personas. El primer cuento lo narra la primera autoridad de la ciudad, el alcalde o alcaldesa, al que siguen cientos de narradores anónimos que quieren aportar su granito de arena a esta gran fiesta de la palabra. Los cuentos se narran pero también se dibujan, se fotografía, se tuitean y se retransmiten por radio a través de Internet. Y es que además de mucho cuento, durante ese fin de semana hay multitud de actividades que enriquecen esta larga sesión de narración oral como las actuaciones de grandes cuentacuentistas profesionales, animaciones callejeras, conferencias, talleres, mercadillos literarios…

Y colorín, colorado este cuento no ha acabado. Continúa transformado en el ciclo mensual “Viernes de los Cuentos”, un programa para el público adulto que de octubre a mayo ofrece actuaciones de narradores de primer nivel. Y seguirá el próximo mes de junio con una nueva edición, que será la número 28, del Maratón. Confiamos en que el poder de la narración siga inundando Guadalajara durante muchos, muchos años más porque como decía la famosa canción de Celtas Cortos, añadiendo solo una palabra:

“Cuéntame un cuento

y verás qué contento

NO me voy a la cama

y tengo lindos sueños…”

Lectureando con… Blanca Calvo, presidenta del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara

Maraton de los Cuentos de Guadalajara

¿Cómo, cuándo y por qué surgió la iniciativa?

La iniciativa surgió en 1992., año en el que, con motivo del Día del Libro, se celebró la primera Feria del Libro de Guadalajara, organizada por el Ayuntamiento en un momento en el que una bibliotecaria (yo misma), era la alcaldesa. Para atraer al público hacia las casetas de los libros se hizo un amplio programa de actividades relacionadas con la lectura, y ahí no podían faltar los cuentos porque, en 1992, Guadalajara ya estaba metida de lleno en el mundo de la narración oral. La Biblioteca Pública del Estado llevaba años cultivándola, y en los Encuentros nacionales de animación a la lectura, que desde 1985 organizaban el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil y la Biblioteca, se le habían dedicado muchos espacios, con la presencia de grandes expertos como Julio Camarena, Joaquín Díaz, Antonio Rodríguez Almodóvar o Aurelio Espinosa Jr., gran recopilador norteamericano de la tradición oral española. El terreno estaba preparado pues para el nacimiento de una actividad singular como es el Maratón.

¿Con qué expectativas? ¿qué objetivos persigue?

El primer Maratón casi se planteó como un juego. El programa de actividades de la primera Feria del Libro fue diseñado por dos bibliotecarias (Eva Ortiz, de Azuqueca de Henares y yo misma, de Guadalajara) y una narradora oral (Estrella Ortiz). Al principio pensamos que, para atraer a la gente hacia los libros, se podrían programar en las plazas aledañas a la Feria varias sesiones simultáneas de narración, con diferentes temas (cuentos de amor, de miedo, de animales…). Pero eso, nos pareció, dispersaría al público, así que la idea de varias sesiones simultáneas fue sustituida por una sesión larguísima, al lado mismo de las casetas de los libreros. Surgió así la ilusión de inscribir en el Libro Guinness de los Records un maratón de narración oral, algo nunca realizado hasta entonces. Llamamos a las oficinas del Guinness y supimos que, para denominar maratón a algo, su duración mínima tenía que ser de veinticuatro horas. “Pues vale, que sean veinticuatro”, nos dijimos.

Así, tal cual, nació el Maratón, pero en el fondo estaba el afán por contagiar a todo el mundo del amor que nosotras y otros compañeros sentíamos por la lectura y la tradición oral. El llamamiento a que esas veinticuatro horas se llenaran de cuentos gracias a la participación de mucha gente normal y corriente era una manera de decir que la riqueza que aportan las historias está al alcance de todo el mundo, que cualquiera es capaz de disfrutar y hacer disfrutar con el patrimonio que todos y todas tenemos a nuestra disposición, tanto en la narración oral tradicional como en los libros.

El primer Maratón fue acogido con simpatía por la ciudad, y también por figuras importantes de la literatura relacionadas con Guadalajara. Participaron contando Antonio Buero Vallejo, José Luis Sampedro, Ramón de Garciasol, Ramón Hernández, Andrés Berlanga y otras doscientas y pico personas. Las veinticuatro horas se cumplieron, incluso sobró media, y todo el mundo quedó contento. Los medios de comunicación hicieron valoraciones muy positivas.

A pesar del paso de los años –Guadalajara ya ha hecho veintisiete maratones- el objetivo inicial no ha variado con los años. Cada Maratón sigue intentando sembrar generalizadamente la afición por las historias, así como proporcionar un fin de semana divertido, que cambia a nuestra ciudad y le da personalidad consagrándola como La Ciudad de los Cuentos.

Maratón de los Cuentos de Guadalajara

¿A qué público está destinada?

A todo tipo de público, y debe ser así porque todas las personas disfrutan con las historias. Hay una tendencia reduccionista que identifica cuentos con infancia, y siendo cierto que a los niños y las niñas les encantan los cuentos y que la mejor edad para sembrarlos es la primera, no lo es menos que también las personas adultas disfrutan muchísimo escuchándolos o contándolos.

Las diferentes horas del Maratón se han ido especializando, y hay momentos en los que predominan los colegios, o las familias, o los narradores profesionales, o las academias de idiomas, o los clubes de lectura adultos… Las noches son, naturalmente, tiempo para los adultos, aunque las madres y los padres que aman los cuentos se permiten relajarse con sus hijos, y es bastante normal ver niños escuchando a la una o las dos de la madrugada.

Las actividades complementarias atraen a un público especializado: las conferencias que se programan interesan mucho a expertos y narradores, a profesores, bibliotecarios y personas, en general, relacionadas con la narración oral, la lectura y su promoción. Todas las personas, especialistas o profanas, pueden encontrar algo interesante en el Maratón.

Coméntanos brevemente cuál es la mecánica del proyecto, en qué consiste

Aunque el Maratón tiene una apariencia muy espontánea, todo está muy preparado de antemano, y es un trabajo que nos ocupa todo el año.

La primera actividad de un Maratón es la reunión de valoración que hacemos pocos días después de terminar el anterior, para ver qué cosas han funcionado y cuáles hay que mejorar.

Pasado el verano escogemos el tema del Maratón siguiente, que sirve para orientar a los alumnos de la Escuela de Arte de Guadalajara –encargados de diseñar los escenarios-, y a quienes quieran presentarse al concurso de selección del cartel que se convoca a comienzos de año. En otoño también se empiezan a decidir las actividades que rodearán al Maratón, y se van planteando y resolviendo las cuestiones prácticas y presupuestarias.

Justo un mes antes de que el alcalde inicie la larga sesión de narración, se abre el plazo para que se vayan apuntando, por teléfono o Internet, todas las personas que quieran contar, de manera que cuando se cuenta el primer cuento sabemos perfectamente quiénes van a ir llenando cada minuto siguiente.

Las personas que se han inscrito para contar saben a qué hora deben presentarse, y puntualmente se identifican en la mesa de control. Salvo raras excepciones, todas las inscritas acuden a la cita pero, si alguien falla, hay en la mesa voluntarios preparados para cubrir su ausencia, de forma que la narración no se detenga.

Las personas que atienden la mesa de control y los ilustradores, fotógrafos, radioaficionados y tuiteros que cuentan con sus herramientas específicas, se van turnando cada varias horas.

Las actividades paralelas al Maratón están a cargo de equipos específicos, formados por tantas personas como sean necesarias: son más de doscientos los voluntarios que colaboran en la fiesta. En algunos momentos de ese fin de semana están pasando cuatro o cinco cosas a la vez, pero todo va sobre ruedas gracias a esas personas. El comentario que más nos gusta a quienes estamos en la organización es que alguien diga que parece que todo marcha solo. Preferimos que no se note el trabajo y el esfuerzo que hay detrás.

¿Cómo ha evolucionado desde su lanzamiento? ¿Habéis introducido algún cambio importante?

El cambio más importante es que desde su segunda convocatoria el Maratón no tiene el sentido instrumental de animar la Feria del Libro, sino que se ha convertido en una fiesta independiente de cualquier otro fin práctico. Eso dio pie, ya en la segunda edición, a cambiar la fecha: del 23 de abril se trasladó al mes de junio, más propicio para hacer una actividad al exterior sin (demasiados) sobresaltos climáticos.

También ha ido cambiando la duración. En la primera convocatoria nos parecía imposible permanecer 24 horas contando y escuchando pero, cuando las conseguimos, nos atrajo aumentarlas. Así, en 1993 subimos hasta las treinta y seis y media, que en los años sucesivos fueron ampliándose hasta llegar a las cuarenta y seis actuales, de las que no hemos querido subir porque que son las que da de sí razonablemente un fin de semana.

Desde casi el comienzo, pero sobre todo desde que decidimos no crecer más a lo largo, se han ido añadiendo actividades que, como capas de cebolla, rodean y enriquecen la larga sesión de narración. Maratón de ilustración, fotografía, radio, redes sociales, música a veces…; maratones en unas veinte poblaciones de la provincia; sesiones de narración profesional en teatros, monumentos, hospitales, residencias de mayores, asociaciones…; conferencias y talleres, mercadillo de libros y artesanía, animación de calle… En total se desarrollan varias decenas de actividades que consiguen cambiar el aspecto de Guadalajara durante un fin de semana.

Y entre Maratón y Maratón, para no sentir el síndrome de abstinencia de cuentos, se tuvo que crear para los adultos (los niños tienen un acceso más fácil a la narración oral) el ciclo mensual Viernes de los Cuentos, que cada temporada programa ocho actuaciones de octubre a mayo con narradores profesionales de primerísima fila.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención respecto a la respuesta del público desde que comenzasteis?

Creo que tanto los niños como los adultos teníamos una necesidad escondida de escuchar y contar historias, pero no nos dábamos cuenta: nos habíamos olvidado del placer que da que alguien seleccione algo, lo prepare y te lo ofrezca sin pedir nada a cambio.

Contar un cuento es hacer un regalo, y ¿a quién no le gustan los regalos? Por eso, en Guadalajara el público de los cuentos ha ido creciendo, pero no poco a poco, sino con una cierta rapidez. Ahora que ya hemos vivido veintisiete maratones y veintiuna temporadas de Viernes de los Cuentos, el público está más que conquistado y entiende mucho de narración oral. En nuestra ciudad están los mejores escuchadores del mundo, y su silencio al escuchar les pone la carne de gallina a los narradores.

En todo este tiempo, lo que más me ha llamado a mí la atención es haber visto nacer un oficio, el de narrador oral, y una rama artística, la narración profesional, cosas ambas que dan progreso y riqueza material a un país, más allá de la satisfacción espiritual que se sienta al escuchar y al contar. El Maratón ha contribuido mucho al nacimiento de ese oficio y ese arte y, como consecuencia, a nuestro enriquecimiento material y espiritual.

¿Con qué dificultades os habéis ido encontrando?

Me gusta siempre ver más el vaso medio lleno que medio vacío; por eso casi prefiero no incidir en las dificultades aunque, por supuesto, las ha habido.

El Maratón ha tenido la suerte de contar con la infraestructura de la Biblioteca Pública del Estado y con la ilusión y la fuerza de trabajo de la asociación Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, que ha ido contagiando de entusiasmo a la gente que ahora colabora como voluntaria. Es una gran suerte, también, la propia ciudad, que se ha dejado implicar alegremente; quizá su pequeño tamaño y su cercanía a Madrid le den una capacidad de convivencia y una apertura muy favorecedoras para el arraigo de una actividad como el Maratón.

En el aspecto económico –la cultura no vive del aire-, ha tenido el premio de contar con una decente financiación institucional, casi siempre de los cuatro niveles administrativos que hay en España (local, provincial, regional y nacional). En seis ocasiones ha disfrutado también de financiación europea: siempre que el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil ha presentado una solicitud de ayuda a los programas culturales de la UE, las ha conseguido.

Eso no quita para que, en algunas ocasiones, hayamos tenido sobresaltos de todo tipo: reducciones presupuestarias, financiaciones con las que contábamos y no han llegado, problemas constructivos en el Palacio del Infantado (escenario por antonomasia del Maratón)… Por no hablar de las tormentas de junio, que alguna que otra vez han querido contar su propia historia sin darse cuenta de que no es bienvenida en una fiesta al aire libre.

En más ocasiones de las que nos hubiera gustado hemos tenido que resolver problemas gordos en plazos muy pequeños, con el consiguiente desgaste. Al final todo se arregla gracias a la implicación del equipo, que da a sus miembros un apoyo mutuo excepcional en momentos difíciles.

Maratón de los Cuentos de Guadalajara

Cuéntanos brevemente qué recursos fueron necesarios para poner en marcha la iniciativa

Si digo que lo único necesario para hacer el primer Maratón fue un número de teléfono para que las personas que quisieran contar pudieran inscribirse; un cuaderno en el que ir anotando el horario; una carpa que protegiera del sol y la posible lluvia; sillas para el público y un equipo de megafonía –con sus técnicos- para que los cuentos se escucharan bien, os diría la verdad pero también os mentiría. Porque, además de esas cosas había personas, y eso es lo importante.

Había trabajadores del Ayuntamiento que atendían el teléfono cuando alguien llamaba para inscribirse y que luego se encargaron de cuidar a quienes se acercaban a contar, explicándoles cuándo les tocaba salir. Los alumnos de la Escuela Municipal de Teatro, coordinados por sus profesores, prepararon cuentos para subir al escenario si fallaba gente y para cubrir la noche, aunque luego no tuvieron demasiadas ocasiones de lucirse porque no hubo casi vacíos. Los miembros del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil también echaron un buen cable apoyando donde fue necesario.

Desde luego fue una ventaja hacer el primer Maratón desde el Ayuntamiento, porque organizar una actividad teniendo todos los medios de la principal institución de la ciudad facilita mucho las cosas: resulta, por ejemplo, más sencillo llamar desde la alcaldía a un gran escritor como Antonio Buero Vallejo para invitarle a que participe en algo tan peculiar. Un ayuntamiento, además, tiene mucha capacidad de convocar a los medios de comunicación. La verdad es que, sea por eso o porque el Maratón les cayó en gracia, los medios de comunicación han sido muy cómplices con el Maratón desde el principio. Algunas publicaciones mostraron el primer año extrañeza e incredulidad, y hubo quien hizo chistes, pero eso también contribuyó a divulgar la actividad.

Hay una última cosa que, aunque realmente no lo es, en Guadalajara consideramos imprescindible en el Maratón, y son los pines de cerámica que consiguen, como si fuera una insignia, todas las personas que cuentan. Es un pequeño objeto, diferente cada año, que indica nada más, y nada menos, que se ha contado. Muchas personas las coleccionan como un tesoro.

¿Cuál es tu balance personal del proyecto?

A nivel personal, absolutamente positivo. El Maratón me ha dado momentos maravillosos, como las primeras veces que han contado mis nietos. He podido escuchar narradores extraordinarios de muchas partes del mundo, y tanto sus historias como la forma de contarlas han dejado una huella profunda en mi corazón. Cada Maratón es, para mí, una acumulación sucesiva de emociones que me llevan hasta la genuina felicidad.

Pero superando el plano estrictamente personal, el Maratón tiene transcendencia cultural, social y política. Cultural porque en Guadalajara ha nacido una fiesta única que ha dignificado el patrimonio oral tradicional, hermanándolo con narraciones y formas de contar contemporáneas. Y esa fiesta, que nació sin grandes pretensiones, ha traspasado la frontera local siendo ya conocida en muchos lugares del mundo. Social porque es una fiesta esencialmente colaborativa, que sólo puede hacerse gracias a las pequeñas contribuciones de mucha gente –con frecuencia unida en grupos: familias, compañeros de trabajo, colegios, asociaciones…-, y valen lo mismo las de los narradores más hábiles que la de los amateurs más inexpertos. Y política porque la unión de personas de todas las edades, condiciones e ideologías para llevar a cabo un proyecto común, contribuye a mejorar la convivencia en la ciudad.

Contribuir un poquito a conseguir eso también me hace muy feliz.

¿Qué consejos darías a otras personas que se estén planteando poner en marcha una iniciativa similar a la vuestra?

Que, por mucho que les parezca una locura imposible, no dejen de poner en marcha ésta u otra iniciativa cultural que les parezca divertida y apasionante. Que se lo tomen como un juego, aunque lleve mucho trabajo. Que no se amilanen ante las dificultades. Que busquen cómplices, porque para llevar a cabo las cosas verdaderamente importantes es necesario un equipo. Que elaboren un plan, lo presupuesten y pidan hora a los responsables de cultura de las administraciones para presentárselo. Que den toda la lata necesaria hasta que les convenzan de que hacerlo es una maravilla para la localidad.

Y, si lo que quieren es organizar algo parecido a lo que hacemos nosotros, que nos pregunten y vengan al próximo Maratón de Guadalajara, para que cojan ideas y las mejoren.

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Datos de contacto

Maratón de los Cuentos de Guadalajara

Seminario de Literatura Infantil y Juvenil

Plaza de Dávalos s.n. 19001 Guadalajara

Teléfono: 949885229

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