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  2. El Museo Sorolla en sus 75 Años
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Las intervenciones en el Museo

La conservación de la documentación gráfica en el archivo del museo ha permitido rescatar y mantener la idiosincrasia de lo que fue el hogar y taller del artista valenciano. El visitante observa esta originalidad al encontrarse en un museo, y a la vez sumergirse en una casa burguesa de principios de siglo XX. El valor y la singularidad del espacio perviven por el esfuerzo riguroso de mantener los objetos, muebles y cuadros tal y como se encontraban en vida de Sorolla. Se ha mantenido la fidelidad a su gusto decorativo, caracterizado por el eclecticismo, y la tendencia a mezclar los objetos nobles con populares.

El Museo Sorolla, a lo largo de sus 75 años de existencia, ha sido objeto de sucesivas intervenciones sobre el conjunto arquitectónico, con el objeto de mejorar el edificio y sus instalaciones. En todas ellas se han intentado recuperar, con distintos criterios, los ambientes originales que se fueron modificando con el paso del tiempo. Salto de línea

El 11 de junio de 1932 se abre al público y poco después el hijo del pintor, Joaquín Sorolla García, impulsó la primera modificación del espacio. En aquellos momentos, se podían recorrer tan sólo las salas de la planta principal, de las que se eliminaron muebles para facilitar el recorrido, y además se comenzó el acondicionamiento de la segunda planta para hacerla también visitable. Las obras se paralizaron con la llegada de la Guerra Civil, y no fue hasta el 26 de julio de 1945 cuando se inauguró esta segunda planta. Salto de línea

Con el aumento de los fondos de las colecciones de pintura, dibujo y mobiliario, como consecuencia de las donaciones del hijo de Sorolla, Joaquín Sorolla García, se remodeló el lugar ocupado por la cocina de la casa, convirtiéndolo en sala de dibujos, inaugurada en 1951. Sin embargo, algunos problemas debidos a la presencia de humedad en la sala obligaron a ejecutar obras y no fue hasta 1982 cuando se abrió definitivamente al público. Salto de línea

El 50 aniversario de la apertura del museo, en 1982, se celebró con la puesta en marcha de varias iniciativas. Por un lado, el 11 de junio se abrieron dos nuevas salas, una dedicada a exposiciones temporales, y otra centrada en el pequeño formato, espacios que en la actualidad han sido destinados a almacenes. La celebración del cincuentenario sirvió, asimismo, para realizar varias actuaciones: se acristaló parte del patio andaluz, se saneó la sala de dibujos, se publicó la primera edición del catálogo de pintura y se inauguró la exposición “El jardín de la casa Sorolla en la pintura de Sorolla”. Asimismo, se editó el primer vídeo sobre la vida del artista valenciano. Salto de línea

Posteriormente, en 1984 se aprobó un proyecto de remodelación de las plantas principal y segunda cuyo fin era recuperar, en la medida de lo posible, el carácter que la casa tuvo en vida del pintor y reorganizar las colecciones del Museo. El logro más importante fue la incorporación del ambiente original en la sala III, antiguo estudio de Sorolla.

En cuanto a los jardines del museo, estos suponen una carta de presentación y un atractivo añadido a la hora de visitar el centro. Es un claro ejemplo del cariño de Sorolla hacia Andalucía y del empeño por embellecer aún más la vivienda. En 1987 se inician las obras de restauración del jardín con el fin de rescatar su fisonomía original. No obstante, los trabajos se paralizaron en 1990 para acometer la restauración de la fachada del museo y atajar la entrada de humedades. Concluida esta restauración, se procedió a la nueva plantación del jardín.

La última actuación hasta el momento se inicia el 15 de septiembre de 2001, cuando, dentro del desarrollo del Plan Integral de Museos del Ministerio de Cultura, se cierra el Museo para ejecutar obras de restauración del edificio y de renovación del montaje museográfico de la salas de exposición permanente. Las actuaciones se centraron en :

  • Las Salas I, II y III del Museo, que constituyen una unidad tanto en su aspecto formal como expositivo y corresponden a la zona de trabajo del pintor: en ellas se realizó la intervención más importante, consistente sobre todo en la renovación de las cubiertas.
  • El exterior del edificio, donde se efectuó una limpieza y pintura de impostas, cornisas y balaustradas de la fachada, y se restauró la pérgola y las fuentes del jardín. Salto de línea
  • El resto del edificio, renovando pinturas y tapicerías, revisando la instalación eléctrica y la iluminación, instalando medidores de humedad y temperatura, llevando a cabo una amplia campaña de restauraciones. unificando toda la señalización y haciendo un nuevo planteamiento de la museografía más acorde a los criterios actuales.
  • Se dotó al museo de una nueva imagen gráfica y un nuevo logotipo.

Asimismo, antes de emprender las obras se acometió una revisión profunda del estado de conservación de todas las piezas que componían la exposición permanente, con objeto de aprovechar el tiempo de cierre para llevar a cabo los tratamientos necesarios: restauraciones en algunos casos, o simples limpiezas o adecuaciones en otros.

La idea fundamental que guió la restauración del edificio fue la de recuperar el primitivo carácter de estas salas. Así, el montaje museográfico parte de una premisa: la tendencia a la acumulación con que Sorolla colgaba los cuadros en su casa. Actualmente, se encuentran expuestas, entre pinturas, dibujos y acuarelas o gouaches, 250 obras del pintor. Las salas II y III mantienen todo su mobiliario original. En ellas se combinó la fidelidad al ambiente con una presentación temática que enriqueciera la visión de los aspectos más característicos de su pintura: los temas de playa, jardines y retratos. En estas salas se ha acumulado la mayor cantidad de pintura, tal como Sorolla lo hacía, poblando las paredes con filas superpuestas de cuadros. Salto de línea

Por su parte, el salón, comedor y antecomedor conservan fielmente su decoración original, donde se han mantenido los retratos familiares. En cuanto a los objetos que el artista coleccionó, como la cerámica popular que abunda en toda la casa, se trataron como decoración, tal como lo hizo Sorolla, sin intentar un tratamiento museístico o didáctico de las mismas.

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