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Arquitectura de los Museos Estatales

Museo Monográfico Del Castro de Viladonga

Autor: Carlos Fernández-Gago Varela y José Luis Arias Jordán.

Cronología: siglo XX.

Creado por el Ministerio de Cultura en 1983 para dar cabida a los materiales arqueológicos procedentes del Castro de Viladonga y su comarca, el museo contaba desde 1975 con un edificio situado al pie del propio yacimiento, construido para este fin por el arquitecto Carlos Fernández-Gago. Configurado en una única planta en forma de ele y cubierta a tres aguas, se trata de una construcción austera formada por volúmenes lisos en los que se abren ventanas remarcadas por sillares de granito y un entrante, a modo de porche, a través del cual se accedía originalmente al museo. Éste se sujeta con cuatro postes o pilares con basa y capitel al estilo de la arquitectura tradicional gallega.

Entre los años 1985 y 1986 fue necesario acondicionar el edificio antes de su definitiva apertura, por lo que se realizaron trabajos de renovación de las instalaciones y el montaje de la exposición permanente. Sin embargo, pocos años después, las limitaciones de espacio obligaron a pensar en una reforma más ambiciosa, encargándose el nuevo proyecto, que fue llevado a cabo entre 1991 y 1994, al arquitecto José Luis Arias Jordán.

En la actualidad la instalación cuenta con dos construcciones estilística y morfológicamente diferenciadas, levantadas en una única planta construida en mampostería de pizarra y plenamente integradas en el entorno natural. En el ala original se sitúan los almacenes que contienen los materiales procedentes de las excavaciones y el resto de servicios internos destinados a los investigadores, así como dos salas que ofrecen información sobre los yacimientos y permiten la instalación de exposiciones temporales. Separadas de los anteriores por un pequeño volumen central que contiene el área de acogida, se ubican en un espacio longitudinal y ligeramente superior en altura las tres salas de exposición permanente, que se iluminan a través de huecos longitudinales y de escasa altura en la parte superior de los muros. Al fondo de éstas, ubicado en el testero, se abre un área interna con espacios de apoyo para las excavaciones y trabajos de campo con acceso directo desde el exterior.

En los últimos años se han llevado a cabo pequeños trabajos de conservación del edificio que se han centrado principalmente en la reparación de las cubiertas.

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