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Mesa de billar

Mesa Billar Pulse para ampliar

Francia, hacia 1855.Salto de línea Roble, palorrosa y otras maderas finas/ bronce/ bayeta, lienzo.Salto de línea Ensamblaje, chapeado, marquetería de elemento por elemento, tintado, grabado a buril, barnizado/ fundición, cincelado, dorado al fuego/ tafetán.Salto de línea 90 x 341 x 179 cm.Salto de línea Inv. 3825.Salto de línea Ubicación: Salón de Billar

Bibliografía: GARCÍA DE QUEVEDO Y CONCELLOÓN, Eloy, “Visita a la colección del Excelentísimo Marqués de Cerralbo”, Boletín de la Sociedad española de excursiones, 1901, p. 96.

Catalogación: Sofía Rodríguez Bernis y Julio Acosta Martín.

La estructura es de roble, madera utilizada en Francia desde el siglo XVIII en las armaduras de los muebles chapeados. El tablero está construido por un entramado de bastidores que se apoyan sobre cinco travesaños transversales ensamblados a la cintura, que garantizan la estabilidad de la superficie del plano de juego. La mesa se arma mediante tornillos de gruesa cabeza redonda horadada que se accionaban con llaves ad hoc.

Se sostiene sobre seis patas galbeadas guarnecidas de aplicaciones de bronce dorado de gran desarrollo, que presentan hojarascas carnosas. El faldón está chapeado con platabandas de palorrosa que rodean campos en los que se extienden composiciones de marquetería de elemento por elemento. Ambos están delimitados por molduras corridas de bronce dorado. Los dibujos de la marquetería, consistentes en hojarascas y flores, pájaros que picotean mariposas, y rostros bufonescos, se ajustan con extremada precisión. Sombras y matices de color se resuelven con especies diferentes de maderas o con maderas tintadas en colores bien contrastados, todas ellas recortadas con perfiles sinuosos que se acoplan entre sí, delineando los dibujos con trazos nerviosos y de prolija complicación. Este sistema de resolver las gradaciones de color y de construir las formas se basa en la técnica desarrollada por el ebanista alemán David Roentgen, que trabajó en numerosas ocasiones para la aristocracia parisina. Su forma de hacer, bien distinta de la de los ebanistas de París, fue recuperada por algunos autores historicistas a mediados del siglo XIX. Destaca entre ellos Joseph Cremer, que se proclamaba “artista en mosaico y marquetería”, y que trabajó en el entorno de ebanistas y comerciantes tan importantes como Louis Edouard Lemarchand. Esta mesa de billar se aproxima a alguna de sus creaciones, como la mesa de sala que se conserva en el Musée d´Orsay, en la que aparecen pájaros de diseño muy semejante.

La composición de la decoración de la mesa está próxima a la de otros ejemplares franceses de la época de Napoleón III, como la que se halla en el Salon Mercure de los apartamentos del emperador en Saint Cloud. También es típica de esta época la combinación de colores: platabandas claras contrastadas con campos oscuros sobre los que destacan los dibujos de rico efecto cromático, que combinan amplias gamas de verdes, pardos, marrones y pajizos.

Esta mesa, en concreto, permitía dos modalidades de juego. En origen estuvo dotada de seis troneras, cuatro en las esquinas y dos en el centro de los lados mayores, estructura tradicionalmente ligada al denominado billard à blouses o billar inglés. Los orificios para la recuperación de las bolas se ocultan bajo relieves de granadas en bronce, que en su día, se accionaban mediante muelles. En algún momento, difícil de precisar, las troneras se condenaron con piezas de madera sobre las que se extendió la bayeta del tablero, restringiendo las posibilidades al billar de carambolas o francés. Bajo la bayeta actual se conserva la original que, a su vez, se extiende sobre un lienzo.

Un artículo publicado en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones del año 1901 recoge una tradición de origen impreciso, según la cual habría pertenecido a Fernando VII, describiéndose como “la mesa hermosísima en que los cortesanos de Fernando VII ponían al Rey las famosas carambolas” que le permitían ganar.

Han llegado a nuestros días acompañando a esta mesa, aunque no hagan juego con ella, varios accesorios, entre los que cabe mencionar dos taqueras, una guía para tacos, varios juegos de tacos y un contador. Este último ostenta una etiqueta en su trasera con el nombre de su constructor, Roque Peironcely, especialista en la construcción de mesas de billar, establecido en Madrid

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