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Juan de Arellano

Concierto de aves (Aves y flores) Pulse para ampliar

Concierto de aves (Aves y flores)

Óleo sobre lienzo.Salto de línea 67 x 86 cm. Salto de línea Inv. 4604. Salto de línea Ubicación: Sala de las ColumnitasSalto de línea Inscripción: Quizá firma: "ARELLANO" en ángulo inferior izquierdo.

Procedencia: Colección José de Madrazo, 1856.

Bibliografía: NAVASCUÉS, P. DE / CONDE DE BEROLDINGEN, C.: El legado de un mecenas. Pintura española del Museo Marqués de Cerralbo. Pp.62 - 64.

Arellano, discípulo de Solís, se inició tardíamente en el arte, y comenzó copiando floreros del gran Mario Nuzzi. Hacia 1646, cuando se data su primera obra, el pintor más famoso de flores de Europa era el jesuita flamenco Seghers, en cuyas obras también se inspiró Arellano introduciendo gran variedad de flores, pájaros e insectos, como los que se observan en este cuadro.

El tema del concierto de aves se remonta a la Edad Media y lo popularizó Snyders en el siglo XVII. La obra no es más que una excusa para hacer gala de sus dotes compositivas y coloristas, introduciendo novedades como la ausencia de paisaje y de horizonte, o la disposición de las aves con un sentido de horror vacui, que nada se parece a las disposiciones de los flamencos De Vos y Snyders, donde los conciertos se desarrollan en la naturaleza sobre un grueso tronco de árbol.

En esta obra destacan principalmente las aves y las flores, que comparten protagonismo y cubren todo el lienzo en estudiada composición. Entre las flores es de destacar la presencia de tulipanes, que en el siglo XVII era todavía una novedad en el jardín y cuyo comercio en Holanda hizo que se organizara un mercado de bolsa. En cuanto a las aves, la presencia de aves exóticas como los guacamayos o el tucán, que se importaban de América de Sur, y llamaban enormemente la atención por sus colores brillantes, revelan un alto status social. De esta forma, el hecho de mostrar tulipanes y aves exóticas en el cuadro, refleja el elevado poder adquisitivo de quién encargaba la obra.

Es sorprendente la selección de aves cantoras, pues entre las distintas especies analizadas no se puede decir que la mayoría tengan habilidades para el canto, como las rapaces o el pavo real. Pero debemos considerar que el canto en sí es una simple excusa en el cuadro para representar con detalle las distintas especies, y en él se representan aquellas a las que es fácil pintar del natural por ser aves en cautividad, no por sus dotes vocales. Hay que destacar la presencia del búho –que se asocia desde la antigüedad a la sabiduría– como director de la orquesta, papel que desempeñará en todas las obras de conciertos, y sin el cual reinaría el caos. Con ello se quiere reflejar la superioridad del arte frente a la naturaleza, tema que se debatía en la época.

El Marqués de Cerralbo adquirió este cuadro a finales del siglo XIX, junto con otro lienzo atribuido a Arellano, Rosas, para decorar el comedor de su palacio madrileño, junto con otros bodegones y floreros de importantes artistas.

Peter Cherry, autor de La pintura de bodegón en las colecciones del Museo Cerralbo, atribuye esta obra a un ayudante del taller de Juan de Arellano, o incluso a uno de sus hijos, José de Arellano, quien imitó las obras de su padre. Se basa para esta afirmación en la realización en esta obra de una composición plana y con ciertos acabados esquemáticos y hasta ingenuos en algunas flores, aunque una posible explicación a esto sería la de considerarla como una obra temprana del gran pintor.

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