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Eugenio Caxés

La Asunción de Nuestra Señora Pulse para ampliar

La Asunción de Nuestra Señora.

Ca. 1615-1620. Salto de línea Óleo sobre lienzo. Salto de línea 228 x 116 cm. Salto de línea Firmado: "Eugeniuscaxes/ i.v. fecit" en la parte inferior, en el frente del sepulcro. Salto de línea Inv. 4601. Salto de línea Ubicación: Salón de ÍdolosSalto de línea Procedencia: Casa Ducal de Algete. Colección José de Madrazo, 1856.

Bibliografía: NAVASCUES, P. DE / CONDE DE BEROLDINGEN, C.: El legado de un mecenas. Pintura española del Museo Marqués de Cerralbo. P. 42.

Eugenio Caxés, pintor madrileño de gran reputación, probablemente dio sus primeros pasos en la pintura junto a su padre, Patricio Caxés, pintor en El Escorial, donde adquirió una cierta huella italiana. Esta se vio acentuada tras su estancia en Roma, la Ciudad Eterna, de donde procede su afición a los escorzos y la iluminación de sus rompimientos. Además, fue un pintor siempre interesado en Correggio, de quien tomó el suave claroscurismo de sus obras. El empleo de los colores y la combinación de armonías extrañas muestra conocimientos de la pintura veneciana.

Fue nombrado pintor del rey a la muerte de su padre, y se le consideró el mejor artista de la corte hasta la llegada de Velázquez.

El tema de la Asunción se comenzó a representar en la escultura del siglo XIII. La virgen suele aparecer con las manos unidas, en actitud de rezar o con los brazos extendidos y mirando extasiada hacia arriba, al modo de la Contrarreforma, como sucede en esta obra.

El momento recogido en la obra del Museo Cerralbo es cuando la Virgen resucita en cuerpo y alma a los tres días de morir y es transportada a los cielos en medio de una gran luminosidad. La Virgen, en la parte superior del cuadro tiene a su alrededor angelitos en violento escorzo (al gusto italiano) y otros formando escabel a sus pies. En la parte inferior de la obra, los apóstoles rodean el sepulcro, en actitud gesticulante y asombrada. Los apóstoles son once, pues sigue el relato apócrifo en el que faltaba Tomás. La separación entre el cielo y la tierra, el mundo espiritual y el terrenal, queda claramente marcado por la composición de la obra, situando en la parte superior del cuadro la visión celestial y dejando la parte inferior para la representación del sepulcro vacío, la vida terrena.

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