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Miguel Jacinto Meléndez

Felipe V vestido de cazador. Pulse para ampliar

Felipe V vestido de cazador

1712.Salto de línea Óleo sobre lienzo. Salto de línea 103 x 83 cm. Salto de línea Firmado: "Mez. F.1712" en ángulo inferior derecho. Salto de línea Inv. VH 471. Salto de línea Ubicación: Salón de Música

Bibliografía: NAVASCUES, P. DE / CONDE DE BEROLDINGEN, C.: El legado de un mecenas. Pintura española del Museo Marqués de Cerralbo. P. 74.

La actividad de Miguel Jacinto Meléndez se sitúa entre el final de la pintura madrileña del Siglo de Oro y el nuevo período que nace con la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tío de Luis Meléndez, famoso pintor de bodegones, y hermano de Francisco, pintor real de miniaturas, trabajó en la corte en un momento en el que pocos artistas españoles sobresalían.

Contribuyó a crear el prototipo de retrato oficial de los soberanos de la nueva dinastía borbónica, cuya función era difundir su imagen en todos los territorios de la monarquía española, con un afán propagandístico, acabando con la imagen decadente del último representante de los Austrias.

Felipe V o Felipe de Anjou, nieto de luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, fue designado sucesor al trono español. En este retrato aparece ataviado a la moda francesa, sustituyendo la austera indumentaria de la Casa de Austria. Su atuendo es de cazador, a cuyo deporte tenía una gran afición, siguiendo la tradición de los relatos velazqueños. Viste casaca roja con bordados en oro, y corbata y bocamanga en encaje de color blanco. Lleva sombrero azul oscuro al estilo de la época, con adorno de plumas blancas y peluca blanca a la moda francesa con cinta rosa y plata. El único signo que le identifica como rey es la banda azul de la orden del Espíritu Santo que cruza su pecho. Sostiene el fusil con su mano izquierda y lo apoya sobre su hombro mientras que con la mano derecha señala al tenebroso paisaje del fondo.

El rostro aparece idealizado, característica de los retratos de Meléndez que participa de la idealización y dignificación de los retratos que se produce en la pintura del siglo XVIII, aunque, eso sí, sin pomposidad ni arrogancia.

Sus retratos, aunque no profundizan en el aspecto psicológico de los personajes, si destacan por sus novedades como situar a los personajes al aire libre, colorido alegre, referencias paisajísticas y la forma de señalar el paisaje.

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