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Historia

Cartel publicitario de 1930

Situado en Valladolid, este Museo, uno de los más antiguos de nuestro país, fue fundado en 1842 con obras de arte procedentes de los conventos desamortizados.

En 1933, la II República, queriendo reconocer la riqueza de sus esculturas, le dio la categoría de Museo Nacional.

En los años 90 emprendió una política de expansión, rehabilitaciones arquitectónicas y crecimiento de sus fondos escultóricos, que ha culminado en 2009 con una nueva presentación de su colección en el rehabilitado Colegio de San Gregorio, y en 2011, con la incorporación integral de las colecciones del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, fundado a finales del siglo XIX.

1842. Fundación del Museo

Como otros muchos, este Museo fue el resultado de la Desamortización impulsada por el ministro Mendizábal, que en 1836 nacionalizó los tesoros artísticos de los conventos en el marco de la reforma liberal del Estado. Dichos bienes fueron secularizados, entregados a la tutela estatal y destinados al disfrute y la educación públicos, creándose así los denominados Museos Provinciales de Bellas Artes.

El de Valladolid fue instalado en 1842 en el Colegio de Santa Cruz, albergando ya entonces una colección de mil pinturas y doscientas esculturas aproximadamente.

En 1879, se desgajó una parte de sus fondos y dio origen al Museo Provincial de Antigüedades, ahora llamado Museo de Valladolid.

Durante el siglo XIX, el Museo mantuvo una precaria trayectoria. Su supervivencia fue posible gracias a la dedicación y el estudio de algunos de sus responsables, como Pedro González, Martí y Monsó o Juan Agapito y Revilla.

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Ricardo de Orueta

1933. Fecha decisiva

Desde comienzos del siglo XX, el Museo se convirtió en un foco de atracción para intelectuales, eruditos y amantes del arte, en un momento de indagación en las fuentes históricas, populares y literarias de "lo español". El grupo de estudiosos del Centro de Estudios Históricos, fundadores de una historia del arte crítica y científica, como Elías Tormo, Gómez Moreno, Sánchez Cantón y, sobre todo, Ricardo de Orueta, se interesaron por la colección del Museo, única en su género.

En 1933 la II República resolvió elevarlo a la categoría de Nacional, a instancias de Ricardo de Orueta, entonces Director General de Bellas Artes. Esa decisión se acompañó de un reforzamiento intencionado de su especialidad, que se hizo explícita en su nuevo nombre: Museo Nacional de Escultura. Con ello, se quería realzar la ambición territorial y representativa de la colección, dar al Museo una orientación científica y secular y enaltecer la riqueza del patrimonio español.

Como parte del mismo proyecto, el Museo fue trasladado al Colegio de San Gregorio. La colección se enriqueció con obras del Museo del Prado y se presentó en una instalación museográfica modélica, acorde con las tendencias internacionales más avanzadas, diseñada por los arquitectos Emilio Moya y Constantino Candeira, contando asimismo con la intervención de Sánchez Cantón.

En la posguerra, el Museo vivió las carencias derivadas del atraso cultural y del aislamiento internacional que caracterizaron a la Dictadura. Episódicamente, pasó a llamarse Museo Nacional de Escultura Religiosa.

Desde los años sesenta, se hizo sentir cierto esmero en la calidad de sus servicios, una mejor presentación de las colecciones, publicaciones, así como mejoras espaciales. En 1968, la colección de pintura pasó a exponerse en la desafectada iglesia de la Pasión.

La excepcionalidad del Colegio y la personalidad de sus esculturas atrajeron a grandes creadores como Orson Welles, quien rodó en el Colegio el multitudinario baile de máscaras de la película Mister Arkadin, o José Val del Omar, autor del innovador documental Fuego en Castilla.

Los años del asentamiento democrático, en la década de los ochenta, dieron un impulso renovador a los museos en España, con la creación de un Ministerio de Cultura, la Ley de Patrimonio Histórico Español y el Reglamento de Museos de Titularidad Estatal.

En este contexto, el Estado afrontó una reforma integral del Museo, centrada en la adquisición de inmuebles, una creciente dotación de recursos y equipamientos técnicos, la difusión educativa y la mejora de las infraestructuras.

El cambio se inició en 1982 con la reversión al Ministerio de Cultura del Palacio de Villena y la puesta en marcha en 1990 del Plan Director que contemplaba la rehabilitación de dicho Palacio por el arquitecto F. Rodríguez Partearroyo (concluida en 1998).

Ello permitió dotar al Museo de una sede bien equipada donde exponer la colección mientras se afrontaba la rehabilitación del Colegio de San Gregorio, que fue encomendada al equipo de arquitectos Nieto y Sobejano. La obra, iniciada en 2001 y concluida en 2006, recibió el Premio Nacional de Conservación y Restauración de Bienes Culturales en 2007.

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Sala del yacente de Gregorio Fernández

El presente del Museo

El edificio del Colegio de San Gregorio es, tras la rehabilitación y la modernización de sus equipamientos finalizada en el año 2009, una de las dos sedes de la exposición permanente del Museo, concretamente de su colección histórica, formada por obras de los grandes maestros españoles de la escultura en madera policromada, pertenecientes a los siglos XV a XVIII y destinada a cumplir una función devocional o litúrgica.

En el 2011 el Ministerio de Cultura inició la reforma de la Casa del Sol en su anexo de la iglesia de San Benito el Viejo, para exponer los fondos de copias de los siglos XIX y XX procedentes del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas de Madrid. Esta ampliación duplicó el volumen del Museo (de 3.000 a 6.000 obras de arte) y redefinió su propio concepto.

Consciente de la necesidad de adaptarse a las demandas sociales, el Museo ha destinado una tercera sede, el Palacio de Villena, a exposiciones temporales, actividades educativas y programas públicos. En él se ubican la biblioteca, el archivo, los talleres de fotografía y restauración, el Belén napolitano del siglo XVIII y el salón de actos.

El premio Castilla y León de las Artes 2018 ha sido concedido por unanimidad del Jurado al Museo Nacional de Escultura, por ser una institución nacional de carácter ejemplar con sede en Valladolid, que desde su creación ha contribuido de forma decisiva a la conservación, custodia y difusión del patrimonio escultórico de la escuela castellana, y que trasciende a nuestra tierra por albergar piezas de incalculable valor artístico de otros territorios.

Además, el jurado ha destacado su carácter dinámico, vivo, que se manifiesta en su completa y magnífica programación.

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