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Érase una vez... Laocoonte

Érase una vez un descubrimiento que cambió el rumbo de la escultura.Salto de línea Salto de línea Un 14 de enero de 1506 se localizaba por azar, en una viña romana cercana a Sta. Mª la Mayor, el grupo escultórico del «Laocoonte y sus hijos». Salto de línea Salto de línea Aquella obra recién desenterrada no pasó desapercibida para el Papa Julio II, gran coleccionista y amante del arte, quien la compró para instalarla en el patio de las estatuas del Belvedere vaticano.Salto de línea Salto de línea Su fama corría como la pólvora y pronto empezó a ser imitado y replicado hasta la saciedad: Primaticcio fundía uno «negro» para Fontainebleau; Boldrini lo parodiaba en un grabado donde las figuras humanas eran sustituidas por simios; Berruguete, en su época de formación en Italia, llegó a copiarlo en el contexto de un concurso y trasladó su lenguaje a retablos, esculturas y pinturas. También, El Greco pintaba un enigmático Laocoonte que se convertiría, ya en pleno siglo XX, en la gran referencia para los expresionistas centroeuropeos. Salto de línea Salto de línea De la obra se obtuvieron, además, números vaciados. Presentaban, como recurso formal, muchas virtudes: ligeros y de bajo coste, útiles a estudiosos y dibujantes; y con gran capacidad para conservar, gracias a ese procedo de «similitud por contacto», cada minucia del original.Salto de línea Salto de línea Todos los museos de copias, de Viena a Dresde, de Berlín a Copenhague, de Bilbao a Madrid, querían el suyo. En 1887, el extinto Museo Nacional de Reproducciones Artísticas encargaba un vaciado al formador José Trilles, hoy en el Museo Nacional de Escultura.Salto de línea Salto de línea Lo hacía con el brazo derecho del sacerdote en posición extendida, siguiendo la reconstrucción de mediados del s. XVI de Montorsoli, discípulo de Miguel Ángel. En 1905, el arqueólogo Pollack identificaba en una casa de antigüedades el brazo original, añadido en una restauración de mediados del s. XX.Salto de línea Salto de línea Más de 500 años después de su descubrimiento en Roma, este grupo sigue siendo objeto de discusiones apasionadas. Un icono que todavía no ha revelado todos sus misterios, pues encierra interrogantes sobre su datación, intervenciones sufridas y claves de interpretación.

Así fantaseaba su hallazgo el francés Hubert Robert en 1773 Pulse para ampliar
La escultura en el Vaticano Pulse para ampliar
Laocoonte de Primaticcio para Fontainebleau Pulse para ampliar
Estampa caricaturesca Pulse para ampliar
Exposición Alonso de Berruguete. Hijo de Laocoonte Pulse para ampliar
Laocoonte de El Greco, 1610-1614 Pulse para ampliar
Fachada del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, Madrid Pulse para ampliar
Escultura con brazo original Pulse para ampliar
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