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El color del mar

El mar fue el tema favorito de Joaquín Sorolla, el más personal y posiblemente más representativo. Nacido junto al mar, pero alejado de él la mayor parte de su vida, Sorolla conservó siempre una añoranza intensa por las playas de su niñez. Pronto debió de percibir también la fuerza del mar como espectáculo, la fascinación visual del movimiento incesante del agua y de las nubes y del sucederse de las luces distintas de las horas y las estaciones; el poder envolvente de sus atmósferas y la potencia emocional de sus grandes masas de color.

A través de este recorrido queremos acercar a nuestros visitantes digitales la manera en la que Sorolla a través de su particular manera de analizar el “natural” y del color, refleja una de sus grandes pasiones, el mar.

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ESPECTÁCULO INCESANTE

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Me sería imposible pintar despacio al aire libre, aunque quisiera… No hay nada inmóvil en lo que nos rodea. El mar se riza a cada instante; la nube se deforma, al mudar de sitio […] pero aunque todo estuviera petrificado y fijo, bastaría que se moviera el sol, que lo hace de continuo, para dar diverso aspecto a las cosas…Hay que pintar deprisa, porque ¡cuánto se pierde, fugaz, que no vuelve a encontrarse!

Joaquín Sorolla, citado por Bernardino de Pantorba en La vida y la obra de Joaquín Sorolla. Estudio biográfico y crítico.

Sus primeras obras, como Marina, 1880, vistas panorámicas contempladas desde la lejanía, influenciadas por la tradición y los valores clásicos, muy pronto se verán transformadas por su trabajo constante del natural, su investigación del oleaje y los movimientos del agua a pie de playa. Sorolla baja la mirada y descubre la infinidad de matices de color, texturas y formas que recrea el agua.

Marina, 1880 "Marina", 1880. Nº inv 1342
Valencia, 1889. "Valencia", 1889. Nº inv 509 (Detalle)

Con esa mirada cercana que lo relaciona con a la pintura más moderna que se estaba realizando en aquel momento, capta la espuma de las olas, los rizos del mar alborotado por el viento o fenómenos ópticos que enriquecen su pintura. Con técnica rápida atrapa efectos tan atractivos como efímeros en los que se combinan la luz y el agua: las transparencias; los reflejos, que permiten fragmentar en colores y pinceladas sobre la superficie del agua los objetos que se encuentran en ella o su entorno; la refracción, que descompone los cuerpos de los nadadores; los espejos que se producen en las finas láminas de agua sobre la arena de la orilla o los contraluces que neutralizan los colores y convierten en ingrávidas las figuras.

Jávea, 1900-1901.

Jávea, 1900-1901. MS, nº inv 466 (Detalle). Reflejos

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Pasajes, 1904.

Pasajes, 1904. MS, nº inv 652 (Detalle). Reflejos

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Muchacho a la orilla del mar, 1904.

Muchacho a la orilla del mar, 1904. Nº inv 665 (Detalle). Espejos y reflejos.

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"Nadadores, Jávea", 1904

Nadadores, Jávea, 1905. MS, nº inv. 719. Reflejos, transparencias y refracción

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Mar, Jávea, 1905

Mar, Jávea, 1905. MS, nº inv 726. (Detalle). Transparencias y refracción

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María en la playa de Biarritz, 1906

María en la playa de Biarritz, 1906. MS, nº inv 775 (Detalle). Contraluz

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COLORES Y HUMORES DEL MAR

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Después de esas intensas observaciones del agua, Sorolla levanta la mirada para abarcar el mar como paisaje y respirar su color en las diferentes horas del día: amanecer, atardecer, mediodía, e incluso la noche; momentos en los que la luz calienta y enfría el paisaje, acentuando dramáticamente las sombras o atenuándolas.

En esas sesiones al aire libre, a Sorolla no le acobarda el sol intenso, la luz cegadora, el pleno sol le produce un estado de exaltación que vive con intensidad. Para él pintar al aire libre era “pintar al sol”.

Sorolla abandona sus playas mediterráneas por las costas del norte y descubre en ellas una luz más suave y matizada, sometida a los rápidos cambios de las condiciones atmosféricas. Las variaciones de luz y color del Cantábrico y del Monte Ulía en San Sebastián, le permiten investigar el constante cambio en las tonalidades del mar en relación al cielo y la tierra. De los grises del mar tormentoso al verde esmeralda o los cobaltos, pasando por los reflejos y brillos de la tierra cuando la superficie del mar en calma lo permite.

Cap Martí, Jávea, 1905.

Cap Martí, Jávea, 1905. MS, nº inv. 729 (Detalle). Atardecer

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Pescadora con su hijo, Valencia, 1908.

Pescadora con su hijo, Valencia, 1908. MS, nº inv 814 (Detalle). Atardecer

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Saliendo del baño, 1914

Saliendo del baño, 1914. MS, nº inv 1115 (Detalle). Pleno sol

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Las velas, 1914

Las velas, 1914. MS, nº inv 1136 (Detalle). Pleno sol

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Rompeolas, San Sebastián, 1917-1918

Rompeolas, San Sebastián, 1917-1918. MS, nº inv 1178 (Detalle)

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Rompeolas, San Sebastián, 1917-1918.

Rompeolas, San Sebastián, 1917-1918. MS, nº inv 1246 (Detalle)

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Monte Ulía, San Sebastián, 1917-1918.

Monte Ulía, San Sebastián, 1917-1918. MS, nº inv 1248 (Detalle)

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EL COLOR

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La belleza de estos paisajes radica en la capacidad de Sorolla de captar los distintos matices de luz y colores que adquiere el mar. Pero con percibir esos cambios no es suficiente, hay que ser capaz de trasladarlos al lienzo; trasladar esa brillantez y luminosidad que reina en el mundo natural. Sin embargo, el pintor no pinta con luz, sino con pigmentos, polvos opacos y nuestra percepción de cada color se modifica según los colores que lo rodeen.

También en la representación de esa naturaleza influyen no solo los recursos artísticos del propio pintor, sino también las posibilidades de los medios materiales con los que cuenta, que dependen en gran medida de cada época. Tradicionalmente, los pintores disponían de un número limitado de pigmentos que ellos mismos preparaban a partir de elementos vegetales como el añil o a partir de minerales semipreciosos como la azurita o el lapislázuli, para obtener el azul ultramar, que elevaba en gran medida el coste de la pintura. No obstante estos impedimentos se van atenuando en el s XVIII con el desarrollo de la industria química que aportará a la paleta de los pintores nuevos colores sintéticos, imposibles de alcanzar con los pigmentos naturales. La generación de Sorolla, ya no está obligada a preparar sus colores y el desarrollo del tubo blando de metal para envasar los colores permitió un mayor desarrollo de la pintura al aire libre, así como los caballetes portátiles que incluían pequeñas paletas, tablillas y algunos tubos de pintura, o los nuevos medios de transporte como el tren.

Mineral de lapíslazuli Mineral de lapíslazuli
Utensilios de pintura que pertenencieron a Sorolla Utensilios de pintura que pertenencieron a Sorolla
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DE LA NATURALEZA A LA PINTURA

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Yo lo que quisiera es no emocionarme tanto, porque después de unas horas como hoy, me siento deshecho, agotado, no puedo con tanto placer, no lo resisto como antes, es que la pintura cuando se siente es superior a todo; he dicho mal, es el natural lo que es hermoso.

Sorolla (Alicante) a Clotilde (Madrid), 1918

Sorolla se maravilla ante la luz y el natural pero no es su contemplación la que le emociona sino el hecho de convertirla en pintura. Toda su vida ha luchado con la “pobre miseria delos colores”, con unos pigmentos que en su opaca materialidad no hacen justicia al esplendor de la luz. Esos momentos de luz y color, los ha ido atesorando a lo largo de los años en apuntes o pequeños cuadros, de muy distintas fechas, en los que Sorolla tiende a desprenderse del natural y su forma, y convertir el cuadro en una pura síntesis de color. El pintor nos muestra momentos especialmente poéticos del color en los que imágenes de gran sencillez ceden el protagonismo a la belleza de los colores que se combinan con la superficie pictórica.

Una barca en la cala de San Vicente, 1919.

Una barca en la cala de San Vicente, 1919. MS, nº inv 1261 (Detalle)

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Playa de Valencia, 1908

Playa de Valencia, 1908. MS, nº inv 922 (Detalle)

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Playa de San Sebastián, 1902.

Playa de San Sebastián, 1902. MS, nº inv 436 (Detalle)

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Estudio de mar, Valencia, 1903-1904.

Estudio de mar, Valencia, 1903-1904. MS, nº inv 927 (Detalle)

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Mar de Zarauz, 1910.

Mar de Zarauz, 1910. MS, nº inv. 1247 (Detalle)

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Playa de Biarritz, 1906

Playa de Biarritz, 1906. MS, nº inv 768 (Detalle)

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San Sebastián, 1905.

San Sebastián, 1905. MS, nº inv 912 (Detalle)

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El autor de estos cuadros está ya muy lejos del joven artista de esa marina clásica del puerto de Valencia. Por su lado han pasado el Impresionismo, el Puntillismo, el Fauvismo, el Cubismo, y aunque él no ha querido nunca sumarse a esas corrientes que le alejarían del natural, ya no ve la naturaleza como antes, y tampoco la pintura.

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CATÁLOGO

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Imagen catálogo color del mar

Hemos puesto a disposición de todos, ávidos lectores, curiosos, amantes de la pintura, el catálogo de la exposición El color del mar, en el que podréis encontrar más información sobre las obras, la paleta de Sorolla y aspectos de interés sobre cómo vemos los colores, los pigmentos o la pintura al aire libre.

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