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La Biblioteca Popular y Cervantina

Los tres patronos de la casa

El marqués de la Vega Inclán (1912-1942)

En 1912 el vallisoletano don Benigno Vega Inclán y Flaquer, Comisario Regio de Turismo entre 1911 y 1928, informó al rey don Alfonso XIII de la situación ruinosa en la que se encontraba la casa. El monarca acogió la proposición y le ordenó la creación de una Institución Cervantina que “evitara la ruina y desaparición de este sagrado recuerdo… para que fuera también honra y gala de la capital castellana”.

Mr. Archer M. Huntington

El Marqués propuso que se asociara a esta empresa la Sociedad Hispánica de Nueva York, cuyo presidente, Mr. Archer Milton Huntington, se adhirió inmediatamente al proyecto, y gracias al “entusiasmo y resolución” del monarca y del magnate americano se siguió adelante con esta empresa.

Alfonso XIII

En 1912 el monarca adquirió la casa nº 14, identificada como la que habitó Cervantes, reservándose Mr. Huntington la adquisición de las dos colindantes, es decir, las señaladas con los números 12 y 16 con el fin de dar “amplitud y desenvolvimiento” en el caso de que algún día lo requiriese la nueva institución cultural.Salto de línea Entre finales de 1912 y principios de 1913 se hicieron arreglos en la casa sufragados por los nuevos propietarios, y el propio Marqués continuó las obras hasta 1916, fecha en que se hizo cargo el Estado.

Por su parte el Ayuntamiento, en 1912, cedió el uso del espacio delantero a la casa, impidiendo la construcción de cualquier edificio en esa parcela para que esta pudiera ser contemplada libremente desde la calle de Miguel Íscar. Se decidió que las casas fueran como un monumento conmemorativo a Cervantes, convirtiéndolas en un centro de cultura, dotándolas de dos bibliotecas: una sería la Biblioteca Popular, y la otra debía especializarse en acoger raros y buenos ejemplares de la obra cervantina.

Concluidos todos los trabajos, el rey Alfonso XIII, el 31 de diciembre de 1915, hizo generosa donación al Estado de la casa señalada con el nº 14, que fue aceptada por el entonces Ministerio de Instrucción Pública, estableciéndose como única condición que el Estado se comprometiera a que la Institución figurase oficialmente en los presupuestos generales con la precisa consignación para nómina de empleados, gastos indispensables de sostenimiento y posible publicación de ediciones especiales de la obra cervantina.

El 23 de abril de 1916 se abrió al público la Biblioteca Popular y Cervantina, con un depósito de libros de la Biblioteca Nacional, y el propio Marqués aportó libros suyos para colmar las estanterías recién instaladas, reuniéndose más de 4.000 ejemplares.

En cuanto a la casa habitada por Cervantes –exclusivamente cuatro habitaciones del piso primero de la casa nº 14– al marqués se le planteó el complicado problema de habilitarla “con dignidad, decoro y respeto”. Fue acumulando muebles antiguos de estilos varios y procedencias muy diversas con el fin de recrear el ambiente que se había propuesto conseguir, pero la casa no se abrió todavía como museo.

El Marqués también consiguió en calidad de depósito la parte alta de la fachada del desaparecido Hospital de la Resurrección, fechada en 1579, y la instaló en el jardín delantero. Aquel hospital vallisoletano entonces demolido, había sido hogar de los perros Cipión y Berganza, protagonistas de una de sus Novelas ejemplares.Salto de línea Siguiendo el ejemplo del rey, Mr. Archer Huntington, el 21 de mayo de 1918, entregó al Gobierno Español la propiedad de las dos casas colindantes a la llamada de Cervantes, números 12 y 16. Por su parte el Marqués alquiló la casa señalada con el nº 10, para evitar su posible venta y desaparición.

La Casa fue visitada por miembros de la Casa Real en varias ocasiones y la Biblioteca tuvo una animada vida hasta 1936, pero la institución fue debilitándose, y además la Biblioteca Popular y Cervantina sufrió daños por una riada que penetró en el interior en aquel año. En 1942 falleció el marqués de la Vega Inclán y legó al Estado todas las Fundaciones que llevaban su nombre.

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