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La batalla de Lepanto

Detalle de xilografía

LA PUGNA POR EL MEDITERRANEO EN LA PRIMERA MITAD DEL QUINIENTOS

Durante milenios el Mar Mediterráneo fue el centro de las civilizaciones antiguas. Ya en los siglos XV-XVI, este mar interior se erige en encrucijada del flujo humano y comercial entre Europa (emporio renacentista, textil lanero y metalúrgico), el Levante turco (que canalizaba los confines de la milenaria Ruta de la Seda oriental y su tráfico suntuario de porcelana), el África del Norte (donde confluía el oro subsahariano, así como las caravanas de esclavos negros), y el Océano Índico conectado a través del Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, disputado por árabes y portugueses (clave para el tráfico de especias y las alfombras persas).

Aunque en la primera mitad del Quinientos los turcos llaman al Mediterráneo central y occidental el Mar Español, conforme avanza el Quinientos, el destino de España y su imperio se inclinó hacia el océano Atlántico y las Indias. Mientras tanto, Turquía, La Sublime Puerta, de manos de Soleimán el Magnífico extiende su influencia sobre los reinos piráticos berberiscos y amenaza la navegación veneciana en aguas del Mediterráneo Oriental.

LOS ANTECEDENTES DE LA BATALLA: LA SANTA LIGA

Unos años antes de Lepanto, los otomanos asedian Malta (1564) y aunque no llegan a intervenir en la sublevación morisca de las Alpujarras (1569-1571), la armada de Selim II conquista la isla Chipre (1570), firmando la paz con Rusia. Después de tomar Nicosia a los venecianos, el sultán Selim II escribía: “He derrotado a esos infieles que no me rendían pleitesía. Iremos a Venecia, y de allí a Roma”.

AHNOB,SANTA CRUZ,C.43,D.67 Pulse para ampliar Relación de sucesos acaecidos durante el sitio y socorro de Malta (1565)
AHNOB,SANTA CRUZ,C.74,D.11 Pulse para ampliar Relación escrita por Fabricio Anibal de lo ocurrido con las galeras a cargo de Juan Andrea Doria para la defensa de Chipre. (ca. 1570)

Por entonces el Papa Pío V, alarmado por el avance del Islam, impulsa la bula de cruzada para financiar la guerra contra protestantes y musulmanes.

Al principio, Felipe II estuvo remiso a intervenir lejos de su área de intereses directos, pero luego se incorporó a una coalición que incluía los Estados Pontificios, las repúblicas de Génova y Venecia, los ducados de Saboya y la Toscana, la Serenísima República de Venecia y la Orden de Malta. Su objetivo era enviar una flota de guerra a aguas del Mediterráneo Oriental cada año y detener la ofensiva naval turco-berberisca. Francia no se quiso unir por estar envuelta en guerras de religión internas entre católicos y hugonotes; en tanto que el Sacro Imperio austriaco apenas podía contener a los turcos en Los Balcanes.

LEPANTO: “LA MÁS MEMORABLE Y ALTA OCASIÓN QUE VIERON LOS PASADOS SIGLOS”

Tras el fracaso de la primera flota aliada en 1570, en el estío de 1571 la flota católica se lanzó de nuevo a la mar, tras recibir estandarte bendecido por el Sumo Pontífice, para buscar a la armada turca, que fondeaba cerca del estratégico Golfo de Lepanto (Grecia).

"Plano del Teatro de la Guerra de Oriente" (s. XIX). AHNOB,MENDIGORRÍA,CP.291,D.30 Situación geográfica del golfo de Lepanto.

Al amanecer del 7 de octubre, los dos ponentes están en orden de batalla: don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II y quien había sofocado la revuelta morisca de Las Alpujarras [1], capitán general de la armada aliada; Alí Bajá (Müezzinzade Ali Paşa) será el almirante de la armada turco-berberisca, reforzada por los jenízaros (la guardia personal del sultán) y por miles de renegados cristianos. Al oeste se situaron los navíos de la Liga Santa y al este los barcos otomanos.

En apariencia las fuerzas estaban relativamente equilibradas, pero sería clave la disparidad en la calidad de los recursos de cada bando, así como su distribución. Los turcos tenían más hombres y más naves que los cristianos, pero sus naves eran más pequeñas y peor artilladas. En las galeras turcas, salvo en las 40-50 galeras reales, había menos soldados que en las naves cristianas, al reforzar con profesionales de los tercios las galeras venecianas. El armamento también era desigual: los cristianos disparaban arcabuces, mientras que los turcos preferían las flechas envenenadas; además, las galeazas venecianas portaban bastantes cañones. Por si fuese poco, mientras que muchos de los soldados turcos eran jóvenes inexpertos, en la flota de la Santa Liga se enrolaron los Tercios Viejos españoles e italianos, reforzados con mercenarios italianos, alemanes y suizos, curtidos en mil batallas. Además, el arma secreta estaba bajo cubierta: a los efectivos cristianos habría que sumar otros 34.000 marineros y galeotes (muchos de ellos penados a remar sin sueldo) que fueron armados al entrar en combate con la promesa del indulto; en tanto que los galeotes turcos eran en su mayoría cristianos e incluso llevaban como remeros a mujeres; de este modo, la flota de la Liga Santa podía disponer del doble o triple de combatientes que el enemigo.

AHNOB,SANTA CRUZ,C.75,D.23 (fol. 88r) Pulse para ampliar Relación de galeras que se hallaron en la Armada del Rey en 1571, con las que se ganaron a los turcos en Lepanto, así como de la artillería y esclavos que se tomaron (recto)
AHNOB,SANTA CRUZ,C.75,D.23 (fol 88v) Pulse para ampliar Vuelto del documento.

La descripción de la batalla que hace el cronista de Felipe II, Luis Cabrera de Córdoba, nos evoca el caos reinante:

Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba... El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos”.

En unas pocas horas, la victoria de las galeras al mando de don Juan de Austria fue aplastante, muriendo en combate el gran almirante turco. Su derrota sirvió para acabar con el mito de la invencibilidad de la armada otomana. Doblaron las campanas de todas las iglesias de la Cristiandad, en tanto que pintores y literatos cantaron esta gesta.

SANTA CRUZ,C.75,D.23 (fol.90) Pulse para ampliar Relación de los esclavos que se hallan en distintas galeras, indicando su nombre, edad y características físicas
SANTA CRUZ,C.75,D.23 (fol.94) Pulse para ampliar Copia del repartimiento de esclavos que se tomaron de la armada turca en la batalla de Lepanto
santa cruz,c.75,d.23 (fol.96) Pulse para ampliar Relación de la artillería que se tomó a las galeras turcas por las de Nápoles

EL DÍA DESPUÉS

Salto de línea Sin embargo, Lepanto no supuso el ocaso del poder turco en la zona. Los astilleros otomanos reconstruyeron en seis meses su armada​. Es más, su Gran Visir se jactó ante el emisario veneciano que, aunque al arrebatarles Chipre se les había cortado un brazo, su última derrota era igual que si le hubiesen rapado la barba y “un brazo cortado no puede crecer de nuevo; pero una barba esquilada crecerá mejor”.

Aunque en 1572, la flota cristiana volvió a navegar, los turcos evitaron el combate, pero no obstante las disensiones internas de la Santa Liga privaron a la Cristiandad de otra victoria. Además, Pío V muere en mayo de 1572 y la Liga termina pocos meses después. Su sucesor en Roma asoció la conmemoración de Lepanto a la devoción de la Virgen del Rosario.

AHNob SANTA CRUZ,C.43,D.65 Pulse para ampliar Real cédula de Felipe II, agradeciendo a Álvaro de Bazán su papel en la batalla de Lepanto. (San Lorenzo del Escorial. 1571-11-25)
AHNob, VILLAGONZALO,CP.553,D.2 Pulse para ampliar Xilografía en la que se representa a la Virgen del Carmen, con don Juan de Austria y su lugarteniente Miguel de Moncada. El almirante turco, Alí Bajá, aparece decapitado en primer plano.

Las Casas nobles y los principales templos de la Cristiandad atesoraron los trofeos de la batalla. El estandarte de la nao capitana cristiana terminó en la catedral de Toledo; fanales y cañones de las galeras enemigas quedaron en poder del marqués de Santa Cruz, que repartió entre su palacio en Santa Cruz de Mudela y el santuario de la Virgen de las Nieves (Almagro); su lugarteniente en la galera capitana, Miquel de Moncada (en cuyo tercio servía Miguel de Cervantes, herido en combate) entregó al convento de Nuestra Señora del Remedio (Valencia) la “aljubla de tela de oro de Alí Baxá, general de la armada Otomana y un estandarte de seda de una galera de la naval”.Salto de línea

SANTA CRUZ,C.49,D.2-5 Elogio al retrato de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, por el licenciado Mosquera de Figueroa

Fernando Carrillo de Mendoza, VII conde de Priego, mayordomo mayor y consejero de Juan de Austria, que dio al Pío V la noticia de la victoria de Lepanto sobre los turcos, recibió una bula de jubileo para la Capilla del Rosario de la parroquia de Priego (Cuenca), donde también funda el convento de San Miguel de la Victoria en 1572 [2]; mientras que Alonso Gutiérrez de los Ríos y Sotomayor, XIII señor de la villa de Fernán Núñez, tomó la vela de una galera otomana en la que uno de sus sucesores hizo pintar a Francisco Meneses Osorio (1640-1721) [3], discípulo de Murillo, el repostero de la Casa Ducal, que con el paso del tiempo se expuso en la Exposición Universal de Sevilla (1929) y hoy se conserva en el Museo Naval de Madrid.

A fines del siglo XVI, las quiebras de Felipe II, las revueltas de Holanda y el rápido desarrollo de las Indias hacen que España se centre en sus intereses ultramarinos y reduzca drásticamente su flota en el Mediterráneo, un área que, pese a todo, mantuvo su prosperidad comercial hasta inicios del siglo XVII.

AHNob,PRIEGO,C.7,D.38-40 Pulse para ampliar Bula del papa Pio V en la que se concede indulgencia plenaria y jubileo a todos los fieles que visiten la Capilla del Rosario sita en la Iglesia Parroquial de Priego. Pio V concede dicha indulgencia al Conde de Priego porque, fue quien llevó al Papa la noticia de la victoria de Lepanto sobre los turcos.

PARA SABER MÁS/BIBLIOGRAFÍA

Alessandro BARBERO, Lepanto: La batalla de los tres imperios. Pasado y Presente Editorial, 2011.

Fernand BRAUDEL, El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II [1949]. Madrid: FCE, 2015, 2 vols.

David y Enrique GARCÍA HERNÁN, Lepanto: el día después. Madrid: Actas, 1999.

Angus KOSTAM, Lepanto 1571. The greatest naval battle of the Renaissance. Oxford: Osprey, 2003.

Manuel RIVERO RODRIGUEZ, La Batalla de Lepanto: Cruzada, Guerra Santa e Identidad Confesional. Madrid; Sílex, 2012.

Notas.

[1] Véase: AHNOB,TORRELAGUNA,C.250. (Documentos: 8, 10, 12 Y 16).

[2] Véase: AHNOB,PRIEGO,C.15,D.1.

[3] Véase: AHNOB,FERNÁN NÚÑEZ,C.1769,D.30

Texto

Miguel F. Gómez Vozmediano.

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