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No hay, tampoco, historia posible del mar [Mediterráneo] sin el conocimiento preciso de las vastas fuentes de sus archivos. Aquí la tarea parece por encima de las fuerzas de un historiador aislado. No hay ningún Estado mediterráneo, en el siglo XVI, que no tenga su archivo bien provisto de documentos escapados a los incendios, a los sitios, a las catástrofes de todo tipo que conoció el mundo mediterráneo. Pero, para inventariar y examinar estas riquezas insospechables, estas minas del más hermoso oro histórico, sería necesaria no una vida, sino veinte vidas, o veinte investigadores consagrando a ello, y al mismo tiempo, sus propias vidas (...)". Con esta amargura confesaba Braudel, en su obra clásica (El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II) su impotencia ante la riqueza de los archivos históricos de los países ribereños de este mar rebosante de cultura. De entre todos destacan, por derecho propio, los Archivos Estatales españoles, herederos de una antigua y rica tradición archivística que los hizo nacer muy tempranamente y sobrevivir a los avatares de la Historia.

A través de los documentos en ellos contenidos, y a causa del papel extraordinario que el Mediterráneo desempeña en todas las etapas de la historia española, es posible descubrir muchos mares, todos distintos, todos relacionados: el de los grandes hechos, el de los grandes hombres, el de las relaciones internacionales, el de los flujos económicos, el de la alta cultura... La mirada de nuestra exposición se dirige a la vida de hombres y mujeres desconocidos que, al margen de los estados pero sin poder sustraerse a su influjo, han tejido durante cientos de años, a lo largo y ancho de este mar incomparable, una densa red de relaciones humanas

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