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Yugo de collares, para ganado vacuno

Yugo de collares, para ganado vacuno

Número de inventario: 14731. Celanova (Orense).

Madera, hierro, cuero. 58,5 x 107 x 7,5 cm.

El yugo ha sido considerado, desde la antigüedad, un símbolo de doma y de dominio, tanto del que se ejerce sobre los animales como, por extensión, del que se lleva a cabo sobre las personas. Esta característica ha pasado al lenguaje (“sojuzgar” significa poner bajo el yugo), permaneciendo incluso cuando su uso, como sucede en la actualidad, ya no es algo cotidiano.

Bajo una variada tipología de yugos se ha metido a múltiples animales, de los que destacan bueyes, vacas, mulos, burros y camellos, por no citar sino aquellos más utilizados en nuestro ámbito cultural más próximo. Cada uno de ellos ha sido valorado por unas cualidades que, a lo largo del tiempo, ha generado alguna que otra pugna erudita. La lentitud de los bueyes y vacas, unida a su mejor resultado, ha sido opuesta a la rapidez de las mulas, valorando unas u otras características en función del interés del autor que escribía sobre ello. Lo más normal es que se unzan dos animales del mismo tipo, pero también es posible documentar yugos mixtos de vacuno y caballar, o de mulo y camello, así como yugos para un solo animal.

Los etnólogos que han estudiado este objeto han incidido en su variada tipología –que se puede apreciar en estos ejemplos aquí recogidos– dividiéndola, en una primera fase, según se use ganado vacuno o caballar, dado que la presencia o ausencia de cuernos condiciona la manera de sujetar el yugo al animal. De esa manera, los de caballerías son siempre “yugulares” –se fijan al cuello, ayudándose de colleras–, mientras que los de vacuno pueden ser, además, “cornales” –atándose a los cuernos–, o tener un sistema de fijación mixto entre ambas posibilidades. Por otra parte, los yugulares de ganado vacuno no precisan de colleras –las almohadillas protectoras que se ven en el cuello de las caballerías–. La presencia de las “melenas”, unas almohadillas que evitan el rozamiento, es normal en los yugos cornales. La bondad de uno u otro sistema también ha generado alabanzas y críticas en los agrónomos antiguos, siendo el romano Columela uno los que, curiosamente, se inclina por el sistema yugular (T. de Aranzadi, 1906, M.-J. Brunhes Delamarre, 1969, R. Violant i Simorra 1981 a, X. Lorenzo, 1982, y A. Martín Criado, 2002).

Por lo que respecta a nuestro país, y en relación con el ganado vacuno, el predominio del yugo de tipo cornal ha sido absoluto en casi todo él, y solamente se documentan yugos de tipo yugular en Cataluña y Galicia. En estas dos zonas existen, además de los cornales, yugos de collares y de costillas, es decir, yugos fijados al cuello mediante un aro que le rodea o mediante dos maderos, que se unen por su parte inferior con una cuerda o pieza de cuero, respectivamente. Estas variedades se constatan tanto en la realidad etnográfica del pasado siglo como a través de la iconografía medieval o moderna (J. L. Mingote Calderón, 2002).

Más allá de esta división formal, se ha incidido en su funcionalidad, ya que ésta también puede condicionar la forma del yugo. Así, el arar o el tirar de un carro han generado soluciones diferentes de cara a obtener un mejor rendimiento o, simplemente, para adaptarse a los condicionantes del trabajo. Las diferentes formas de arar, generadas por la separación entre surcos o entre las plantas –pensemos en las viñas–, o por las distintas fases del trabajo, hace que existan yugos con medidas diferentes según para qué se usen, así como la posibilidad de que éste sea extensible, y de que su longitud se pueda modificar cambiando los tornillos que sirven de fijación a las diversas partes que integran este tipo. Por su parte, los yugos de carro llevan normalmente –aunque no es imprescindible– un resalte en su parte central, la “mesa”, que sirve para permitir una mejor fijación al timón del carro. Los yugos de doma, de un tipo muy concreto que tienen tres gamellas, se tratarán en otro apartado de este Catálogo.

En menor medida que en la tipología y la funcionalidad, se ha incidido en la forma de sujeción de las correas a los cuernos, que generan una interesante gama de soluciones y métodos que también tienen una plasmación geográfica que sería conveniente estudiar en lo posible (E. Veiga de Oliveira, F. Galhano y B. Pereira, 1973).Salto de línea La posesión de una yunta (o de varias) ha sido, desde muy antiguo, reflejo y símbolo del estatus económico y ha servido para clasificar a las personas según un criterio fiscal en muchas sociedades agrarias.

El nº 14731 está publicado en VV. AA. (1992: 105).

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