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Misterios ocultos en el retrato de José Gutiérrez de la Vega

Retrato de José Gutiérrez de la Vega

Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina

Retrato de José Gutiérrez de la Vega

Siglo XIX

Óleo sobre lienzo

78,5 x 99,2 cm

Intervención realizada por el Departamento de Conservación del Museo Nacional del Romanticismo.

Estado de conservación previo a la restauración

Como principal deterioro se podría destacar la oxidación del barniz, el cual provocó el oscurecimiento de la obra, distorsionando la correcta lectura de la misma y ocultando los colores reales.

Por otro lado, se podía apreciar en la capa pictórica un repinte muy destacado en la zona de la cabeza del personaje, ¿qué ocultaría ese repinte? Además, se veían otros en el rostro del retratado, así como faltas de la capa pictórica debidas a rozaduras con el marco.

El marco dorado presentaba, principalmente, suciedad superficial, arañazos y faltas volumétricas.

Tratamiento de restauración

En primer lugar, se procedió a la limpieza tanto del reverso como de la capa pictórica, eliminando, de esta forma, la suciedad, el barniz oxidado y los repintes.

El proceso de limpieza dentro de los tratamientos de restauración, puede llegar a descubrir antiguas intervenciones que provoquen muchas preguntas sin respuesta, sobre todo cuando estas no están documentadas.

En este caso, un injerto, en forma de cruz, estaba dando muchos problemas a la correcta percepción visual de la obra, debido a su textura satinada desacorde con la tela original. Para ello se corrigió este injerto mediante el estucado y texturizado del mismo, asemejándose a la pintura original para que no interfiriese al conjunto visual de la pintura.

Pero había más sorpresas, ¡se encontró otro ojo!, el cual había sido ocultado al retocar la pintura, que se encontraba muy desgastada en esa zona y exigía una reconstrucción, esta vez, más fiel al original.

Tras la limpieza, se procedió al estucado de las lagunas y a la reintegración cromática de estas mediante pigmentos al barniz. Finalmente, se realizó el barnizado final y tensado del cuadro.

Con respecto al marco, se efectuó su limpieza y posteriormente, se llevó a cabo el estucado de las faltas volumétricas y la reintegración del dorado, tras lo cual, se introdujo la obra en el marco.

La intervención llevada a cabo en esta obra es un claro ejemplo de los misterios que puede llegar a ocultar la pintura de caballete y que un tratamiento de restauración puede sacar a la luz.

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