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El arte de la luz

La lumière c’est la vie. Por lo tanto cuanta más luz en las pinturas más vida, más verdad y más belleza. (Joaquín Sorolla)

La bata rosa. Detalle
Niño desnudo en La Granja, 1907 (detalle)

En la época en que vivió Sorolla, la ciencia realizó grandes avances en el conocimiento de la misteriosa naturaleza de la luz. Desde finales del siglo XIX, los progresos técnicos fueron haciendo de la luz, tanto artificial como natural, un bien cada vez más accesible. Mientras se extendía el uso de la iluminación artificial (primero con lámparas de queroseno y gas, después con la difusión de la luz eléctrica), las nuevas técnicas constructivas mejoraban el aprovechamiento de la luz natural en los edificios.

La experiencia cotidiana de la luz cambió sustancialmente y la pintura registra una nueva sensibilidad hacia sus efectos y matices, principalmente, aunque no sólo hacia la luz natural y al aire libre. La luz se adueña de la pintura. Si hasta entonces había servido para iluminar los objetos, desde mediados del siglo XIX se convierta en la protagonista fundamental de la obra, pensemos, por ejemplo, en cuadros tan famosos como Impresión, sol naciente de C. Monet.

En este recorrido queremos acercar a nuestros visitantes digitales a una selección de cuadros particularmente interesantes en el uso de la iluminación a través de los cuales podrá descubrir por qué, ya en su tiempo, Sorolla fue conocido con el sobrenombre de “pintor de la luz”.

1. HACIA LA LUZ

Niños, 1900-1901 "Niños", 1900-1901. MS, nº inv 456
Efecto de luna en la playa, 1900 "Efecto de luna en la playa", 1900. MS, nº inv. 335

Sorolla tuvo claro desde muy pronto la sensación de vida en los cuadros dependía principalmente de la animación de la luz. La luz natural, pintada al aire libre, fue uno de los objetos principales de su pintura. En su trayectoria hacia el difícil dominio de la luz, Sorolla explorará muchos caminos distintos, algunos quedarán abandonados como como, por ejemplo, los nocturnos; otros cobrarán cada vez mayor fuerza en su pintura, desarrollándose hasta convertirse en sus principales aportaciones a la historia de la pintura, veámoslos:

2. SOMBRAS

La sombra de la barca, 1903	"La sombra de la barca", 1903. MS, nº inv 605
Pescadora con su hijo, 1908 "Pescadora con su hijo, Valencia", 1908. MS, nº inv. 814

Aunque las sombras, compañeras inseparables de la luz, forman parte de nuestra experiencia visual cotidiana, normalmente les prestamos poca atención. Las sombras han sido tradicionalmente utilizadas en la pintura como una herramienta para representar el volumen y crear el modelado en los cuerpos, y han sido objeto de estudio y un pilar básico de la enseñanza académica.

Las sombras han sido una herramienta, han vivido en la pintura discretamente, como un efecto secundario de la luz. A lo largo de la historia de la pintura, podemos ver que los pintores han representado las sombras, y en ocasiones con gran finura, por ejemplo, la sombra le sirve a Velázquez para asentar firmemente la figura del Pablo de Valladolid sobre el suelo, pero rara vez las sombras han tenido mucho protagonismo en el cuadro hasta la época de los Impresionistas.

La revolución impresionista, al centrarse en la percepción visual en sí misma, sí prestó nueva e importante atención a las sombras. Al aire libre las sombras dejan de ser percibidas con un agrisamiento, y la pintura empieza a registrar su color, principalmente los azules y morados.

Sorolla, agudo observador y experimentador constante, no podía dejar de fijar su atención en este reverso de la luz, y, como haría con otros desafíos de la vista, se concentró en su análisis durante algún tiempo, pintando algunos estudios, notas de color o cuadros donde la sombra, esta vez sí, es el verdadero protagonista del cuadro.

3. REFLEJOS

Sombra del puente de Alcántara, 1906 Sombra del puente de Alcántara, 1906
Reflejos de una fuente, 1908. Reflejo en una fuente, 1908. MS, nº inv, 810

La sombra de un objeto duplica su silueta y lo mismo ocurre con el reflejo sobre el agua, sobre una superficie brillante, un espejo. Sorolla materializó varias veces su interés por los espejos, autorretratándose en ellos, pero la imagen en el espejo, con toda su dificultad, es relativamente sencilla de representar para el pintor, ya que la superficie plana y lisa del espejo devuelve una imagen limpia, sin interferencias.

La alberca. Alcázar de Sevilla, 1910 "La alberca. Alcázar de Sevilla", 1910. MS, nº inv. 854
El patio de Comares, 1917 "El patio de Comares, La Alhambra de Granada", 1917. MS, nº inv, 1150

Pero otra cosa son los espejos del agua, que mezclan la imagen reflejada con lo que puede transparentarse por debajo, y que, además, se suelen mover. Sorolla acometió a menudo la representación de los reflejos, a veces quietos como sobre un espejo y otras, sobre el agua en movimiento. Un motivo favorito de Sorolla fue el de los bañistas reflejándose en el agua de la orilla de la playa, pero en otros casos, son arquitecturas duplicándose en el agua quieta de estanques o de albercas, o en el agua fugitiva de un río. El motivo arquitectónico, con sus líneas claras, produce sombras limpias y reflejos espectaculares, y Sorolla les da una relevancia absoluta: allí donde aparecen, se adueñan de la composición.

4.LUZ FILTRADA

El baño en La Granja, 1907 "El baño en La Granja", 1907. MS, nº inv. 798
El baño de la Reina, Valsaín, 1907 "El baño de la Reina, Valsaín", 1907. MS, nº inv, 800

Bajo las ramas, la luz se rompe en salpicaduras caprichosas, que juegan inquietas a cada movimiento de las hojas. Un efecto difícil de atrapar, pero hipnótico para un pintor decidido a estudiar la luz natural. La luz filtrada entre la vegetación fue una de las formas de iluminación que sedujeron especialmente a la pintura impresionista, y desde una fecha temprana. Monet fue un iniciador de este tipo de iluminación: Le Déjeuner sur l ́herbe (1865-66) y Mujeres en el jardín (1866-67) transcurren bajo los árboles. Renoir, en estrecho contacto con Monet, intentó también tempranamente este tipo de iluminación, en Baile en el Moulin de la Galette (1876) la luz solar se filtra en destellos claros sobre zonas más oscuras.

Esta luz salpicada hacía difícil de controlar el modelado y el dibujo, que perdían precisión bajo esa iluminación irregular y movediza; este era uno de los reproches que se hacían a los impresionistas. Y los contrastes entre las zonas directamente iluminadas y las zonas en sombra eran otro motivo de extrañeza para los contemporáneos de Sorolla y de los impresionistas.

Niño desnudo, La Granja, 1907 "Niño desnudo, La Granja", 1907. MS, nº inv. 799
Saltando a la comba, La Granja, 1907 "Saltando a la comba, La Granja", 1907. MS, nº inv. 797

Sorolla conocía bien estos efectos, que sin duda observaría en las pinturas de los impresionistas, pero también, ya antes, en los cuadritos de la Villa Médicis por Velázquez. Atento siempre a la luz, no había dejado de fijarse desde temprano en los juegos de las manchas luminosas, bajo emparrados o cañizos, que asumen un papel protagonista en algunos cuadros importantes, como Cosiendo la vela.

La luz filtrada bajo el follaje de los árboles fue otra de las formas de la luz que Sorolla analizó a fondo. Lo hizo a lo largo de toda su vida, pero hay un momento en que Sorolla se recrea particularmente en esta forma de iluminación: fue durante su estancia en La Granja, en el verano de 1907. En estos cuadros, el interés primordial de Sorolla es la luz misma, mientras que la anécdota representada es un mero soporte para su estudio.

5.RESPLANDOR

El mejor Sorolla combina verdad y belleza de un modo muy excepcional. Su logro más característico es el efecto del sol sobre el blanco –piel blanca, velas blancas, vestidos blancos, paredes blancas. Sus blancos no se repiten nunca, pero hablan expresivamente de distintos tipos de luz solar sobre distintos tipos de superficies y formas. No hay churretes que ofendan a los sensibles, pero de Monet o de su experiencia ha aprendido que una mezcla de blanco puro con amarillo o bermellón para las partes iluminadas, y con violeta o azul para las zonas en sombra, produce la ilusión del aire que resplandece con los rayos del sol.

Duncan C. Philips Jr., “Sorolla. The Painter of Sunlight”, Art in Progress, Vol. IV, no 2, diciembre 1912, p. 791.

Después del baño, Valencia, 1909 "Después del baño, Valencia", 1909 MS, nº inv. 836
La hora del baño, Valencia, 1909	"La hora del baño, Valencia", 1909. MS, nº inv, 800

En efecto, los blancos al sol fueron la marca de Sorolla. La luz es la obsesión de la pintura de su época, pero nadie pintó como él su resplandor sobre las superficies blancas, hasta lograr el efecto de que es el propio cuadro el que la irradia desde su interior.

6.ARTE DE LA LUZ

La bata rosa, 1915 "La bata rosa", 1915. MS, nº inv. 1134

La bata rosa resume en sí mismo muchas búsquedas de Sorolla en torno a la luz; Sorolla mismo consideró este cuadro “de lo mejor que he hecho en mi vida”.

Recurre aquí a tipos de iluminación que le han fascinado siempre, como los contraluces, las luces filtradas y salpicadas, las penumbras luminosas; efectos más difíciles de trasladar al lienzo que las luces limpias y brillantes del pleno sol, pero que tienen el atractivo de hacer que la luz se haga muy presente.

Esta imagen resume la maestría que el pintor ha adquirido a lo largo de los años en el dominio de la iluminación, pero también la emoción que suscita en Sorolla el juego de la luz, su capacidad para transfigurar la realidad, convertirla en un prodigio, una fulgurante aparición de belleza

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CATÁLOGO

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Imagen del catálogo Arte de la luz

Ponemos a disposición de todos, avidos lectores, curiosos o amantes de la pintura, el catálogo de la exposición Sorolla. El arte de la luz para que podáis disfrutar de cómo Sorolla capta la luz y la refleja en sus lienzos.

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