Columna derecha

Vestido

Flora Villarreal, 1957

María Flora Villarreal Medina (1894-1977) comenzó desde niña a mostrar grandes dotes para la costura, de manera que a los catorce años entra como aprendiza en el taller de Rosario Landa, modista de Vitoria. Con 24 años se traslada a Madrid para montar su propio taller, en principio en el mismo piso en el que vive. Será tras la Guerra Civil cuando Villarreal instale los talleres y salones de la Avenida del Generalísimo, actual Gran Vía, y de inicio a una exitosa trayectoria que termina con su retirada en 1968, el mismo en que se retiran Asunción Bastida o Balenciaga. Villarreal dirigió con mano firme una firma que llegó a contar con más de cien empleados y que basó su estrategia comercial en la reproducción de modelos de alta costura francesa o en la creación de diseños propios siguiendo las tendencias de París. Para ello, la modista fue de las primeras en reiniciar el contacto directo con la capital de la moda, a la que se trasladaba varias veces al año. Por una parte se surtía de materiales, como los afamados tejidos de la casa Abraham, pero sobre todo fue una asidua al sistema de compra de patrones de alta costura establecido por la Cámara Sindical de París. Con la “carte d’acheteur” se adquiría el derecho a reproducir los modelos comprados: Dior, Balmain, Lanvin, Castillo, Givenchy, Nina Ricci o Chanel (pero nunca Balenciaga, el más caro de todos y con talleres propios en Madrid) eran confeccionados por Villarreal para clientes de la alta sociedad y celebridades como Grace Kelly o Ava Gardner. Aun así, las creaciones propias de la modista fueron igualmente valoradas, en especial los vestidos de fiesta más glamurosos y sus trajes de novia, como el que confeccionó a la duquesa de Alba y que conserva el Museo (MT092663-65). Ejemplo de sus diseños más fastuosos es este vestido en satén en el que destaca el recogido a la espalda con seis tablas que abren en abanico. Aparte de ocho ballenas que arman el busto, el particular volumen de la falda se obtiene mediante un cancán de cuatro capas de tul rígido, que permite crear esa silueta floral tan apreciada en los años cincuenta.

Inventario: MT104053

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