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Identificación de riesgos

Castillo de Manzanares el Real (Madrid). Fotografía de Pablo Schnell. AEAC

La preservación de estos bienes obedece a una serie de condicionantes que ponen en riesgo su adecuada conservación, entre los que se pueden destacar los siguientes:

  • Documentales. La ignorancia, a la que se ven sometidos gran parte de los bienes culturales adscritos a la arquitectura defensiva, motiva la necesidad de realizar un esfuerzo de investigación a través de archivos históricos y militares, así como del estudio arqueológico de la arquitectura y del patrimonio cultural asociado.
  • Tipológicos. Son múltiples las tipologías que conforman este grupo de bienes culturales, sus formas responden a la función para la que fueron construidas y a la época en que se proyectaron, es fundamental identificarlas y conservarlas durante las intervenciones de restauración para no desvirtuar la posterior lectura histórica del bien defensivo en su conjunto.
  • Constructivos y patológicos. El estado de conservación de los diferentes elementos materiales y sistemas constructivos presentes, así como sus patologías concretas y específicas, marcará el establecimiento de las prioridades en cada intervención.
  • Geográficos. Todo lo que rodea a un bien defensivo es parte consustancial del mismo al interrelacionar con su propia función histórica y percepción, y particularmente el entorno inmediato y próximo, razón por la cual estas áreas deberán ser especialmente tenidas en cuenta para la elaboración de proyectos y acciones que tengan como objeto su conservación, consolidación y/o restauración.
  • Legislativos. El patrimonio inmueble histórico defensivo forma parte de un amplio sistema de defensa del territorio, vinculado normalmente a fronteras, que en la actualidad pueden pertenecer a distintos términos municipales, Comunidades Autónomas e incluso países. Debe haber una estrecha coordinación interdepartamental para una correcta aplicación de la legislación vigente en materia de cultura, urbanismo, medio ambiente, industria y turismo que implique al conjunto de las Administraciones Públicas, tanto en la planificación de actuaciones e intervenciones directas, como en las tareas de mantenimiento y gestión.
  • Utilitarios. Al haber desparecido, en la mayoría de los casos, el uso para el que fueron destinados este conjunto de bienes culturales, y su alto valor simbólico, los convierte en objetivo de reutilización. Los nuevos usos que deseen implantarse deberán ser, en la medida de lo posible, compatibles con las características de la edificación y sus propios valores históricos y estéticos.
  • Gerenciales. Una mala gestión puede ser tan dañina como los demás elementos de riesgo, por tal motivo toda intervención deberá tener asegurada su futura sostenibilidad. La gestión de un bien cultural de arquitectura defensiva deberá permitir su mantenimiento y, de acuerdo con las posibilidades que ofrezca, también una rentabilidad social y económica dentro de su ámbito.
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